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Paul Ehrlich y el colapso de la civilización.

Hace 50 años, el biólogo y profesor de la Universidad de Stanford Paul R. Ehrlich junto a su esposa Anne Ehrlich  publicaron el que sería todo un best seller “La bomba demográfica” (se venderían más de dos millones de ejemplares).El libro, en clara línea neomalthusiana,  venía a predecir fuertes hambrunas durante los años 70 y 80 si persistía el ritmo de crecimiento de la población mundial. Gran parte del libro se dedicaba a estudiar el impacto del descontrolado crecimiento de la población sobre el medioambiente y la seguridad alimenticia. Concluía que dado el elevado incremento demográfico y la falta de alimentos que se estaba produciendo, la hambruna sería irremediable si no se tomaban medidas de control de la natalidad, reduciéndola a cero o incluso en tasas negativas. Al mismo tiempo indicaba que se hacía preciso aumentar la producción de alimentos. Ehrlich apuntaba diferentes medidas antinatalistas como la política del hijo varón único, esterilizaciones temporales, aborto, etc.

 

Crecimiento de la población mundial desde el 10..000 BC a la actualdiad

Aunque esas predicciones no se llegaron a cumplir, sobre todo debido a la revolución verde, y el libro fue tachado, entre otras cosas de racista, sirvió para que el mundo tomara conciencia del grave problema demográfico al que nos enfrentábamos y a las cuestiones medioambientales que llevaba aparejado.

En un reciente artículo en The Guardian Paul Ehrlich volvía a la carga con sus pronósticos fatalistas y catastrofistas al anunciar el colapso de la civilización en pocas décadas. Aunque acepta que algunas de las predicciones que contempló en su libro no resultaron acertadas, si afirma la validez y pertinencia de otras. Según este autor, la población óptima de humanos para el planeta sería de menos de 2 mil millones (5,6 mil millones menos de los que existen actualmente) y además, afirma que es preciso una redistribución de la riqueza sin precedentes, algo que, según el biólogo norteamericano, “the rich who now run the global system – that hold the annual ‘world destroyer’ meetings in Davos – are unlikely to let it happen”, es decir, que los ricos que se reúnen en Davos anualmente, no van a consentir. A esto, añade que la combinación de una elevada población y un alto consumo de los países ricos que está destruyendo el mundo natural y llega a la conclusión de que se está impulsando una sexta extinción masiva de la biodiversidad, de la que depende la civilización para obtener aire, agua y alimentos limpios. Este es, tal vez, el punto más fuerte de su teoría. Para evitar este colapso habría que implementar medidas de control de la natalidad y de redistribución de la riqueza, medidas de choque para evitar lo prácticamente inevitable.

En definitiva, un tema de lo más sugerente para tratar en clase, en Geografía de la población, para desarrollar el pensamiento crítico de nuestros alumnos/as, sin prejuzgar o caer en interpretaciones falsas, ni preconcebidas, tal y como opina el propio autor: “You can’t let the possibility that ignorant people will interpret your ideas as racist keep you from discussing critical issues honestly.”.

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Historia de España según Forges

Acaba de morir el genial dibujante y humorista Antonio Fraguas, Forges, Más allá de sus inteligentes e inigualables viñetas que retrataban con una ironía inigualable la España de los últimos años, su trabajo ha sido, para mí, un recurso magnífico que he utilizado habitualmente en mis clases de Geografía e Historia, especialmente, sus “Historias de Aquí“. Una gran pérdida.

S-T-T-L

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La España vacía.

Acabo de leer el libro del periodista Sergio del Olmo titulado “La España vacía. viaje por un país que nunca fue“. Se trata de un ensayo en el que se mezcla lo geográfico, lo histórico, lo sociológico y lo literario casi a partes iguales. En él se vuelve a retomar ese mito de las dos Españas, pero, como indica el autor, “no son las de Machado”, si no otras dos bien diferentes y, en mucho caso, enfrentadas:

“la España urbana y europea, indistinguible en todos sus rasgos de cualquier sociedad urbana europea, y una España interior y despoblada, que he llamado España vacía. La comunicación entre ambas ha sido y es difícil. A menudo, parecen países extranjeros el uno del otro. Y, sin embargo, la España urbana no se entiende sin la vacía. Los fantasmas de la segunda están en las casas de la primera“.

El libro se estructura en tres partes:

  1. El Gran Traume.
  2. Los Mitos de la España Vacía
  3. El Orgullo.

En la primera parte, el autor nos va a ir narrando esa contradictoria y difícil relación existente entre la España rural y la urbana, diferente a la existente en otros países del entorno y cuyas raíces históricas son muy profundas. Entre ambos espacios se establece un diálogo imposible, de recelos mutuos y de desigual desarrollo. Partimos de una realidad geográfica incuestionable: la despoblación de una considerable parte del país.

El 60 por ciento de los municipios españoles tenía a 1 de enero de 2016 menos de 1.001 habitantes, ocupaba el 40 por ciento de la superficie y apenas concentraba el 3,1 por ciento de la población. Los datos de Eurostat situaban a 19 provincias españolas entre las menos densas de la Unión Europea en 2015.

Estamos hablando de amplias porciones de Castilla y León, Aragón, Castilla-La Mancha pero también importantes áreas en Galicia, y zonas montañosas peninsulares, con densidades inferiores a las de Finlandia o cercanas a las siberianas. Es el Gran Trauma de la España Vacía, un movimiento migratorio que ha ocasionado la desplociónd e gran parte del país.

España rural

En la segunda parte, el autor analizará diversos mitos relacionados con la España rural-vacía, en los que encuentra las raíces de la difícil relación, animadversión, incomprensión o incluso temor existente entre ambos mundos, el urbano y el rural,  para concluir que se trata de una cuestión atávica de heterofobia, esto es, miedo al otro, a lo desconocido. Efectivamente, siempre han existido recelos por ambas partes, fruto del desconocimiento más profundo que de realidades sociales fundamentadas. Hoy en día, con el efecto televisión o más recientemente, internet, las diferencias entre ambos mundos se han mitigado pero hasta no hace mucho tiempo existía una gran separación tanto espacial como mental entre ellos. Se analizan las bases históricas de esas difíciles relaciones, la pujanza del mundo urbano y su desprecio hacia lo rural y los recelos del mundo rural hacia lo que venía de la ciudad, de esa Babilonia del pecado que representaban las ciudad. Nos hace viajar al mundo rural de principios de siglo, concretamente a la  comarca extremeña de Las Hurdes, a través de ese documental impactante y dramático dirigido por Luis BuñuelLas Hurdes. Tierra sin pan“, que critica (con un peculiar acento) el desamparo en el que se encontraba esta comarca española.

Posteriormente, tratará uno de los intentos de redención de este mundo rural abandonado a su suerte, por parte del mundo urbano: las Misiones pedagógicas de la II República, iniciativa cultural de la Institución Libre de Enseñanza y, sobre todo, del discípulo de Fernando Giner de los Ríos, Manuel Bartolomé Cossio (recomendamos la lectura del artículo de Javier Gimeno PerellóPor terrenos labrantíos: Las misiones pedagógicas de la II República” en Revista eCO nº 14). Iniciativa muy loable pero que se quedó en estado embrionario por el desastre posterior que significó la guerra civil y la dictadura de Franco que aplastó, manu minitari, todo lo que significó de cambio y mejora para el medio rural. Precisamente fue Franco quien puso la puntilla al mundo rural español, el mismo quien en plena guerra prometía a los agricultores un regreso a un pasado glorioso. en palabras del autor:

Franco estaba muy empeñado en industrializar el país, sobre todo tras el Plan de Estabilización de 1959 que puso fin a la autarquía. Y para ello no dudó en desplazar poblaciones, inundar pueblos, crear otros de la nada y dejar que las grandes ciudades se colapsasen con un éxodo rural que, aunque ya existía, no tenía las dimensiones que alcanzó entre 1950 y 1970. Franco se alzó con la promesa de devolver la grandeza a esos campesinos que eran descendientes del Cid y de santa Teresa, pero su política consistió en destruir sus medios de vida y arrasar con su cultura secular, de la que apenas quedó nada tras veinte años de industrialización forzosa.

En esta narración, el autor hace una mención muy emotiva al papel del profesorado que imparte clase en el medio rural, en su mayoría, jóvenes, interinos o en expectativa de un destino en ciudad, pero con muchas ganas de enseñar e innovar. De hecho muchas de las innovaciones pedagógicas actuales han comenzado en escuelas rurales. Pero no deja de tener cierto parecido a las misiones pedagógicas republicanas:

Llevan la cultura y la educación a los pueblos como un bien importado porque ellos mismos no se quedan. Al terminar las clases, vuelven a sus ciudades. Persiste, débil aunque rastreable, una idea de redención. Llevan al campo un reflejo de la vida urbana, una pequeña muestra, como viajantes de comercio, pero son pocos los que se sienten parte del lugar. Los pueblos siguen siendo un terreno de trabajo, un territorio en el fondo un poco extranjero al que les une un compromiso temporal.

Continúa realizando una revisión al mito de la España rural comenzando por la visión romántica que realiza Gustavo Adolfo Bécquer desde su retiro en el monasterio de Santa María de Veruela, al pie del Moncayo, un mundo de leyendas, misterios, criaturas fabulosas, brujas, demonios, etc., pero ignorando el contexto social y económico.

Igualmente alude a imágenes que formaron el imaginario de esa España vacía del interior, como la de la España forestal (el mito de la ardilla que podía recorrer de Norte a sur la península sin pisar el suelo) o la estereotipada del Quijote, la imagen de los viajeros extranjeros del siglo XIX o la de los paisajistas españoles del XX (Azorín, Unamuno, Machado o la más reciente de Julio Llamazares). Una imagen de una España dura, pobre, desolada, en parte, de abandono, algo siniestra, una literatura de la despoblación, como la que se desarrollará a partir de los años 60 con el gran éxodo rural, ese Gran Trauma, que profundizará el atávico abandono del campo español. ¿Un paisaje literatizado o una literatura del paisaje?.

Finalmente, el autor analiza una de las ideologías más peculiares existentes en España y en Europa: el Carlismo, surgido en el siglo XIX, profundamente rural y antiurbano, una especie de “venganza de una España que empezaba a vaciarse contra la España que empezaba a llenarse“, una cultura rural anclada en valores tradicionalistas y católicos, hoy en día residual, pero que ha dejado profundas huellas en los movimientos nacionalistas periféricos y, según el autor, en las instituciones autonómicas del resto del país o en la pervivencia de las diferentes lenguas peninsulares.

A manera de conclusión de esta segunda parte, el autor concluye:

A la España vacía real no le han quedado más que dos caminos: negar y destruir su propia tradición o representarla en una función ininterrumpida al gusto de aquellos que abandonaron hace mucho sus casas y sus calles.

En la tercera y última sección del libro, Sergio del Molino, narra la aparición de nuevos mitos urbanos ligados a la España vacía, la generada por los hijos de los emigrantes, el orgullo de ser de pueblo en la ciudad, la literatura charnega de Barcelona, los jóvenes autores como Jesús Carrasco, Lara Moreno, Ángel Gracia, José Vidal Valicourt o Hasier Larretxea, que tienen conciencia de que se procede de un lugar que ya no existe o que está a punto de dejar de existir. El cine, la televisión, también se hacen eco de ese España vacía y de esa “vuelta a los orígenes”,  la necesidad de buscar un referente al que asirse, un “útero en un mundo de probetas globalizadas“.

La España vacía, vacía sin remedio, imposible ya de llenar, se ha vuelto presencia en la España urbana

En definitiva, un ensayo que desde las primeras páginas te atrapa, te transporta a ese mundo rural, casi desaparecido, con una fuerte presencia del paisaje, cultural y natural, un ensayo con vocación literaria pero con un fuerte contenido geográfico. Un libro para aprender mucho.

 

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¿Se puede escapar del “Valle de la Muerte” educativo?

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Hace algún tiempo veía una de esas magníficas conferencias TED en la que Ken Robinson hablaba sobre educación y que se titulada “Cómo escapar del valle de la muerte de la educación“, que incluyo a continuación.

Con ese estilo propio tan peculiar, mezcla de ironía, humor inglés y verdades como puños, Robinson analiza los tres principios fundamentales que, en su opinión, caracteriza a los humanos, esto es, su diversidad, su curiosidad y su creatividad. Estos principios no sólo no están considerados en la cultura educativa actual (aunque en su exposición se centre en EE.UU., pienso que es extensible, también, al ámbito español)  si no que se trabaja en contra de ellos. El sistema educativo vigente no atiende a la diversidad de una manera decidida, se basa en la uniformidad y, desgraciadamente, en la conformidad. Tampoco fomenta la curiosidad, el espíritu crítico, el rigor. Una gran parte del profesorado enseña (o intenta) pero su misión no es, realmente, esa, sino la de facilitar el aprendizaje y, como en lo anterior, la cultura educativa dominante no está enfocada en este sentido, no se facilita el aprendizaje. Se enfoca hacia la evaluación pero una evaluación que no es diagnóstica, no posibilita el aprendizaje. En cuanto a la creatividad, no se potencia tampoco, no se crean las condiciones precisas para su despertar. Se tiende a la estandarización.

Es preciso individualizar la enseñanza, reconocer que quien aprende es el alumnado, el verdadero protagonista del proceso. El sistema y sus componentes deben involucrarse más en fomentar la curiosidad, la creatividad, la individualidad, en el cambio educativo en definitiva. Pero también se debe atender más a la figura del docente, atribuirle más estatus, incrementar sus posibilidades de desarrollo profesional. Por último, y esto es clave, delegar más responsabilidad en los centros. Se debe abandonar el criterio mecanicista, industrial, en el que se haya inserto el sistema educativo actual.

Pero hay esperanza. El símil que pone Ken Robinson del Valle de la Muerte, desierto de EE.UU. en el que no crece nada pero que cuando llueve se cubre de flores, es magnífico, visualmente impecable. La vida está latente. El sistema educativo puede cambiar: basta con que se apoyen iniciativas y a los profesionales como las que se asistieron al pasado Encuentro de CC.SS. que tuvimos en Córdoba, profesores y profesoras con ganas de cambio, que no se resisten a aceptar lo que hay y que, además, proponen ideas y soluciones creativas. Todos somos contingentes, ellos/as son necesarios/as. Estos son algunos/as de los docentes que pueden ayudar a sacar al sistema del Valle de la Muerte.

La pregunta es ¿qué pasa para que el número de docentes que se sube al carro de la innovación, del cambio no sea mayor que los resistentes? ¿qué pasa en los centros que no se ponen en marcha estos procesos de cambio? ¿qué hace que las instituciones no sólo no faciliten estos procesos de cambo si no que los obstaculicen?. Preguntas para la reflexión.

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Comenzando un nuevo curso.

EL PROFE QUE VA A LA GUERRA

Comenzamos un nuevo curso y, como siempre se dice, con mucho ánimo, ilusión, ganas de trabajar, de innovar, de experimentar, de enseñar y de aprender de  nuestros alumnos/as. Algo así como el profe de la viñeta de arriba.

Para hacer algo más metódicos, agradables e interesantes, esos primeros días de clase, nuestra compañera Ana Basterra, nos ofrece una selección de recursos y materiales que, desde aquí, recomiendo.

Las transiciones hay que saber hacerlas y esos primeros momentos de clase son de una importancia crucial, mucho más de lo que creemos o consideramos. De ahí que incidamos en esas actividades que se proponen, en las evaluaciones iniciales y, en general, en un mejor conocimiento del alumnado con el que vamos a compartir muchas horas de clase.

Leyendo algunas referencias al respecto, me encuentro con un artículo de la página francesa sobre actualidad pedagógica “Le café pédagogique” que presenta un dossier sobre la vuelta a clase muy interesante. En uno de los trabajos presentados, titulado “Rentrée : Les 10 commandements du prof stagiaire” (“Vuelta a clase: los diez mandamientos del profesor en prácticas“), firmado por Jean-Pierre Meyniac, se recogen diez consejos destinados al profesor/a en prácticas, aunque, cuando se lean, puede verse que son aplicables a todos/as, seamos o no profesores noveles. Son extremadamente simples, pero me han parecido de sentido común, que a veces, es el menos común de los sentidos. Los he traducido (de manera algo libre) aunque creo que no se altera el sentido original:

  1. Sé tu mismo, apóyate en tus “puntos fuertes, conoce tus “puntos débiles”.
  2. Comparte: Estás solo en tu clase pero no fuera de ella.
  3. Aplícate y haz aplicar las “reglas” escolares: pasar lista, retrasos, ausencias, etc. Para ello es preciso conocer las normas (el reglamento de funcionamiento interno) de tu centro.
  4.  Diversifica los enfoques, los métodos pedagógicos y evita la rutina.
  5. Enseñar es hacer elecciones: hazlas de manera razonable y asúmelas.
  6. No olvides a los alumnos/as e interactúa con ellos/as: establecer consignas, gestionar los errores, distribuir y regular la palabra, observar, moverse, … son aspectos fundamentales en las clases.
  7.  Analiza tus prácticas y abre tu clase a un “ojo” externo: tu tutor (si estás en prácticas), pero también tus iguales, tus colegas, …
  8. Actúa rápidamente: si experimentas algunas dificultades no olvides que las imágenes y las representaciones mentales se crean muy rápido.
  9. No te quedes solo/a ante las dificultades: encuentra interlocutores (colegas, asesores, etc.)
  10. No descuides la didáctica ni la pedagogía y ne dudes en leer.

Seguramente, todos y todas podremos hacer otro decálogo al estilo, incluyendo aspectos que no aparecen en este (creatividad, innovación, motivación, relaciones interpersonales, etc.). Es una buena práctica elaborar uno de estos decálogos para nuestro uso personal pero más importante, quizás, sería aplicarlo y mantenerlo.