Publicado en Competencias, Didáctica, General, Innovación educativa

¿Qué tipo de pedagogías se necesitan para el siglo XXI?

En la serie de estudios titulados  “El futuro del aprendizaje”  realizados por la doctora Cynthia Luna Scott para la UNESCO, se plantean tres temas fundamentales para la educación presente y futura:

¿Por qué deben cambiar el contenido y los métodos de aprendizaje en el siglo XXI?

2º ¿Qué tipo de aprendizaje se necesita en el siglo XXI?

3º ¿Qué tipo de pedagogías se necesitan para el siglo XXI?

Son tres documentos que aportan unas interesantes ideas que vamos a ir comentando. Comenzaremos por el último por su carácter de marco conceptual que contiene. En este estudio, la autora, basándose en la abundante literatura científica existente sobre la importancia y necesidad de preparar a los estudiantes para la adquisición de las competencias, habilidades y capacidades requeridas en el el presente siglo XXI, examina los diferentes tipos de pedagogías existentes en la actualidad y anticipa las etapas futuras y los desafíos a los que se enfrenta la educación. Los expertos reconocen que el modelo de clase “tradicional”, basada en la transmisión unidireccional no sirve para la adquisición de las competencias, es totalmente, ineficaz, pero, aún así, es el método más extendido. Añade también, de una manera totalmente acertada que “A pesar de que a escala mundial se opina que las y los estudiantes deben adquirir destrezas tales como el pensamiento crítico y la habilidad de comunicarse con eficacia, innovar y resolver problemas mediante la negociación y la colaboración, raras veces se ha adaptado la pedagogía para hacer frente a estos desafíos“. Esto lleva a la autora a concluir la necesidad de replantearse la pedagogía, las formas de enseñar, para el siglo XXI. Se propugna que los educadores debieran abandonar esos enfoques pedagógicos tradicionales (por ejemplo, clases magistrales, memorización) para avanzar hacia enfoques pedagógicos abiertos, dinámicos, que tengan en cuenta las necesidades y fortalezas especiales de su alumnado al tiempo que les ofrecen oportunidades para aprender y desarrollar su potencial a través de la creatividad, la autonomía, la investigación y la colaboración (por ejemplo, aprendizaje individualizado, aprendizaje cooperativo, ABP, aprendizaje informal). Los educandos deben tener tiempo para interrelacionarse con sus iguales, con su profesorado, compartir nuevos conocimientos, aplicarlos y evaluarlos. Aunque reconoce la complejidad de la enseñanza y aprendizaje de las competencias, Luna Scott, siguiente a Leadbeater, señala la importancia de la transformación de las pedagogías existentes y el rediseño de las tareas como claves en este proceso. En este sentido, creen que las estrategias de aprendizaje no deben limitarse sólo y exclusivamente a la escuela, si no que  se debe abrirse a otros “proveedores” de conocimiento como la comunidad,  otras escuelas, bibliotecas, museos, etc.

Según la autora, basándose en Saavedra y Opfer, “La pedagogía del siglo XXI debe emplear estrategias docentes innovadoras y respaldadas por la investigación, por las tecnologías del aprendizaje y por las aplicaciones tomadas de la vida real“. A partir de aquí, y examinando las investigaciones llevadas a cabo sobre la manera de aprender que tiene las personas, establece nueve principios para la enseñanza de las habilidades y competencias para el siglo XXI:

1) Hacer que el conocimiento sea pertinente para la “visión de conjunto”.
2) Enseñar las destrezas dentro de cada disciplina.
3) Desarrollar capacidades de reflexión de alto y bajo nivel para facilitar la comprensión en diferentes contextos.
4) Promover la transferencia de aprendizaje.
5) Enseñar cómo “aprender a aprender”, la metacognición.
6) Abordar directamente los malentendidos.
7) Promover el trabajo en equipo.
8) Aprovechar la tecnología como apoyo del aprendizaje.
9) Fomentar la creatividad de las y los estudiantes.

Una vez definidos estos principios, la autora examinará las pedagogías y perspectivas concretas que promoverán el aprendizaje de esas competencias, determinando 19 aspectos en los que debemos centrarnos para lograr alcanzar un aprendizaje de calidad y el dominio de esas competencias:

  1. centrarse en la calidad de los resultados de enseñanza y aprendizaje (por ejemplo, exigiendo docentes competentes   y dedicados que empleen metodologías activas);
  2. fomentar la participación de los alumnos/as (por ejemplo, brindar oportunidades para compartir ideas en redes sociales, con compañeros y con el profesor, para co-crear el aprendizaje);
  3. personalizar e individualizar el aprendizaje (por ejemplo, permitir que los alumnos/as establezcan metas personales, aprendan a su propio ritmo);
  4. centrarse en el aprendizaje basado en proyectos y la resolución de problemas (por ejemplo, el apoyo a proyectos grupales basados ​​en problemas de aprendizaje de la vida real y donde cada uno es responsable de una parte de la proyecto);
  5. fomentar la colaboración y la comunicación (por ejemplo, agrupar a los alumnos en parejas o más para encontrar la solución a un problema);
  6. movilizar y motivar a los estudiantes (por ejemplo, dividir el aprendizaje en diferentes pasos esenciales para mantener el interés de los estudiantes);
  7. estimular la creatividad y la innovación (por ejemplo, alentar a los alumnos/as a generar nuevos conocimientos a partir de experiencias de aprendizaje relevantes);
  8. usar las herramientas de aprendizaje apropiadas (por ejemplo, tecnologías móviles, aprovechar al máximo las redes sociales);
  9. diseñar actividades relevantes de aprendizaje del mundo real (por ejemplo, ofrecer actividades centradas en contextos en los que los alumnos/as evolucionarán en sus vidas adultas);
  10. enseñar habilidades metacognitivas (por ejemplo, preguntar a los alumnos/as las preguntas “¿qué estás aprendiendo?” y “cómo aprendes?” para que estén al tanto de cómo aprenden);
  11. desarrollar relaciones de aprendizaje de apoyo (por ejemplo, recompensar los esfuerzos de los alumnos/as);
  12. incluir a cada estudiante a través de la tecnología (por ejemplo, proporcionar acceso a una actividad de lectura para estudiantes con discapacidades a través de audiolibros);
  13. centrarse en los modelos centrados en el alumnado (por ejemplo, supervisar a los grupos de estudiantes que trabajan de forma independiente, ofrecer instrucción donde cada estudiante autorregula su aprendizaje);
  14. promover el aprendizaje ubícuo (por ejemplo, brindar oportunidades para adquirir conocimientos fuera del aula y la escuela);
  15. fomentar el aprendizaje permanente (por ejemplo, proporcionar cursos de actualización para los alumnos que deseen actualizar sus habilidades obsoletas);
  16. reconocer el aprendizaje a través de la educación abierta (por ejemplo, dar acceso gratuito a cursos en línea);
  17. acreditar y reconocer resultados de aprendizaje no tradicionales (por ejemplo, un proveedor de cursos en línea proporciona una certificación de aprendiz);
  18. evaluar conocimientos y habilidades más profundos (por ejemplo, realizar una evaluación formativa de los alumnos durante su aprendizaje, en forma de retroalimentación continua sobre su progreso y estímulo de sus mejoras);
  19. redefinir el rol y la función del maestro (por ejemplo, asumir un nuevo rol de mentor y diseñador de proyectos, inscribirse en capacitación en tecnología de la información y la comunicación [TIC]).

Para finalizar el informe, la autora concluye que los métodos pedagógicos tradicionales no preparan a los jóvenes para los desafíos del mañana. Deben transformarse e innovar centrándose en los aprendices al tiempo que aumentan la conciencia de la importancia del aprendizaje permanente. Deben proporcionar a los alumnos y alumnas las capacidades y habilidades que les permitirán evolucionar en un mundo digital. Para trazar nuevos caminos para estudiantes de todas las edades y apuntar hacia el éxito a largo plazo, los cambios e innovaciones deben aparecer en el aula, pero también en las escuelas y, en última instancia, en todo el sistema escolar. educación (por ejemplo, estructuras, organizaciones, políticas). Se debe hacer un análisis crítico de la enseñanza tradicional para determinar si cumple con las exigencias y expectativas actuales y, en caso contrario, avanzar por otros caminos más eficaces.

En definitiva, estamos ante un informe de gran interés para la reflexión sobre el desarrollo de la enseñanza en estos momentos de cambio y gran incertidumbre, que se apoya en una literatura científica seria y contrastada para trazar esas conclusiones que hemos indicado y que nos proporciona las claves para centrar nuestra labor docente.

 

 

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Ocho actitudes de un profesor o profesora eficaz

Según el diccionario de la RAE, “eficaz” significa que tiende a la eficacia, esto es, a ser capaz de lograr el efecto esperado o deseado. Cuando hablamos de un profesor o profesora eficaz ¿a qué nos estamos refiriendo?. ¿Cuáles son esos efectos que se espera o desea de ellos y ellas?. John Hattie,  profesor y director del Instituto de Investigación en Educación de la Universidad de Melbourne (Australia) y autor de algunos de los trabajos más influyentes en el mundo de la educación actualmente, recogidos en dos publicaciones “Visible Learning” y “Visible learning for Teachers”  (aún sin traducción al español)  ha investigado a lo largo de más de 15 años, más de 800 metanálisis sobre educación que resumen más de 50000 estudios individuales los factores de mayor impacto en el proceso de enseñanza-aprendizaje. En total, 250 millones de estudiantes participaron en esta investigación sobre el éxito y el aprendizaje. A pesar de lo apabullante de los datos, su estudio ha sido objeto de numerosas críticas por los errores cometidos, tanto en el tratamiento estadístico de las cifras como en el análisis de las mismas.

Hattie estableció unos 138 factores de influencia en este proceso agrupados en 6 esferas de intervención (alumnado, profesorado, familias, programas, centros escolares y enfoques pedagógicos). Se pueden seguir, de manera interactiva, en este enlace. En la siguiente gráfica se resume los principales factores de influencia en francés. Los factores que tienen un coeficiente de efectividad o eficacia superior a 0,4 tiene un impacto positivo.

Estos factores estudiados nos podrían servir para repensar algunos de los planteamientos que manejamos habitualmente sobre lo que influye más o menos en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Pero lo que nos interesa en este momento es remarcar algunos de los aspectos que Hattie considera esenciales y que recoge en el segundo libro señalado, para incrementar la eficacia del profesorado, es decir, que son imprescindibles para aumentar el impacto de su labor en el éxito del alumnado. Este autor establece 8 actitudes que debe reunir un profesor eficaz. En este vídeo se resumen gráficamente:

Traducidos (un poco libremente) al español, serían:

1º Considerar que su principal tarea es evaluar el impacto de su enseñanza sobre el aprendizaje de los alumnos.
2º Creer que el éxito o el fracaso en el aprendizaje del alumno depende de lo que hicieron o no hicieron. Considerarse un agente de cambio educativo.
3º Hablar más sobre aprendizaje que sobre enseñanza.
4º Percibir la evaluación como la medida de su impacto en los alumnos.
5º Enseñar a travé de la interacción, el diálogo con los alumnos/as y no sólo como un monólogo.
6º Disfrutar con los retos y querer siempre dar lo menor de uno mismo.
7º Considerar que crear relaciones positivas con los alumnos y el resto del personal docente forma parte de su rol profesional.
8º Tener una visión y un lenguaje común y compartido sobre el aprendizaje.

A pesar de las críticas y errores que haya podido cometer, así como de las objeciones que podamos establecer a esta enumeración de factores de impacto, este estudio si nos puede servir para tener una aproximación a los factores que más influyen en el impacto positivo de nuestra labor docente y, en consecuencia, y como indicaremos en otra entrada, poder definir algunas pautas de intervención en el aula.

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¿Por qué la Geografía debería importar más que nunca?

 

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Hace unos días leía un artículo del periodista inglés Tim Marshall titulado La clave está en el mapa” (Diario El País, 20/V/2017). El artículo comenzaba con esta frase:

Existen muchos factores que influyen de manera decisiva en las decisiones que toman los dirigentes de cada país. Y el factor más olvidado es la geografía. Tratar de entender los conflictos sin un mapa y una explicación geográfica es casi imposible.

Efectivamente, la Geografía, ciencia madre, ha sido olvidada y, tal y como demuestra en este mismo trabajo la influencia de la misma es crucial para entender los conflictos actuales. Es preciso comprender el mundo tal y como es, no como nos gustaría que fuese, y para ello, el mapa es la herramienta esencial, al igual que conocer la historia o estudiar los datos estadísticos. Este mismo autor escribió un libro hace un par de años verdaderamente impactante: “Prisoners of Geography’, recientemente traducido al español, en el que a través de 10 mapas explica las características fundamentales de la Geopolítica reciente. Para este autor, la Geografía siempre ha condicionado al Hombre, su desarrollo, su política, sus guerras, la vida en general. Hoy, muchos de estos condicionantes han sido solventados por la tecnología, sin duda, pero aún son muy importantes para explicar algunas de las realidades que vivimos en este mundo tan convulso. Para él, la Geografía, o más concretamente, la geopolítica, cobra una gran importancia en la actualidad como factor decisivo para explicar dichas realidades y no sólo las físicas, sino también las humanas, desde la política interior de los países a la economía, la sociedad, el lenguaje o la religión. Esta afirmación constituye, por cierto, uno de los factores por los que la Geopolítica no es del agrado de muchos científicos: niegan que la Geografía pueda condicionar el desarrollo de la vida humana dado que la tecnología es capaz de solucionar muchos de estos condicionantes. pero, tal y como indica el propio autor del articulo citando al especialista en geopolítica Nicholas Spykman, “la geografía no discute; se limita a ser”.

Estemos de acuerdo o no con este autor, lo cierto es que la Geografía no ocupa el lugar que debería en el concierto de las ciencias y, muchos menos, entre las disciplinas escolares. Y, personalmente, creo que la Geografía debería importar hoy más que nunca y tener mucho más peso específico entre las disciplinas escolares.

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Efectivamente, nuestros alumnos necesitan saber mucha más geografía física pero sobre todo humana como forma de conocer mejor el mundo que les rodea, lo que ocurre en él y por qué. Están creciendo en un mundo globalizado y mucho más complejo de lo que era tan sólo unos años antes y solamente la Geografía puede hacerles comprender parte de esa complejidad. No deberíamos limitarnos a impartir esa Geografía tradicional, pensada para otros momentos y con temarios, en parte, obsoletos. Al alumno le debemos dar las claves para interpretar ese nuevo mundo en el que se inserta, centrarnos en aspectos como la geopolítica, la crisis ecológica, la geografía cultural, aspectos que están viviendo y padeciendo a diario: qué pasa en Siria, por qué existe el terrorismo yijadista, quien está detrás del ataque cibernético, por que se produjo el Brexit, qué pasa con Cataluña, los refugiados políticos y ambientales, …. El mundo cambia a una velocidad de vértigo y la Geografía debería adaptarse a ese ritmo si no quiere quedar como una asignatura más, tediosa y, en ocasiones, poco útil. Y eso depende, sin duda, del profesorado que la imparte.

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Enseñanza y aprendizaje de la Geografía para el siglo XXI

Enseñanza y aprendizaje de la Geografía para el siglo XXI

La Universidad de Alicante acaba de publicar el libro “Enseñanza y aprendizaje de la Geografía para el siglo XXI“, obra editada por  Rafael Sebastiá Alcaraz y Emilia María Tonda Monllor. El libro está destinado al alumnado de formación inicial de Magisterio y del máster de profesores de secundaria e, igualmente, tal y como se indica en la presentación del mismo, atiende a la necesidad de los docentes en activo por renovarse y actualizarse. Está estructurado en cuatro capítulos:

  • En el primero, se recoge el currículo oficial de Geografía tras la implantación del Espacio Europeo de Educación Superior.
  • En el segundo, se analizan diversas metodologías de reciente implantación en la enseñanza de la Geografía. Interesa la aportación realizada por Xosé Manuel Souto.
  • En el tercero, Jorge Olcina, profesor de la Universidad de Alicante, presenta varias propuesta de enseñanza de la Geografía Física, concretamente de la climatología.
  • Finalmente, en el capítulo IV se estudian las TIC en el proceso de enseñanza del conocimiento geográfico, con un interesante artículo de Isaac Buzo sobre la integración de la información en el aprendizaje geográfico.

Echamos en falta aspectos metodológicos innovadores tales como el ABP, flipped classroom, ludificación, etc. que están aplicándose con resultados bastante positivos en la enseñanza y aprendizaje de la Geografía. Es de suponer que no se pretende recoger todo lo que de innovación hay en este proceso, tanto conceptual como metodológicamente, pero si que nos puede servir para tomar contacto con algunos planteamientos que desde la Universidad se lanzan al resto de los niveles educativos con mayor o menor acierto.

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101 medios para motivar: prácticas pedagógicas que favorecen el éxito (III).

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Como hemos indicado en la entrada anterior, uno de los factores fundamentales del proceso de motivación del alumnado es, tiene que ser, el docente. Según A. McLean (citado por A. BONO en “Los profesores en las clases. Un estudio sobre las pautas de actuación docentes en el aula de primer año universitario desde la perspectiva motivacional”,  El Argonauta, Revista Digital de Educación y Ciencias Sociales, 2 (2), 2012, páginas 153-178, disponible aquí), su acción deriva de la interacción entre cuatro elementos clave: el compromiso, la estructura, el estímulo y los comentarios.

  • El compromiso, hace referencia a la implicación de los profesores en el aprendizaje de su alumnado, la capacidad de hacer ver y sentir que apoyan su aprendizaje, su sentido de la autoridad, sus emociones, la gestión de la relación con el alumnado, etc., vislumbran el compromiso del profesorado en clase.
  • La estructura significa la claridad con la que se presentan los objetivos de aprendizaje que permiten a los alumnos saber qué se espera de ellos. Se trata de establecer un equilibrio estable entre la autoridad del profesorado y la autonomía de los alumnos.
  • El estímulo, es decir, la capacidad de plantear acciones, actividades, proyectos que constituyen un cierto desafío o reto a la capacidad de los alumnos/as.
  • Los comentarios del docente son igualmente importantes, ya que proporcionan información (feedback) que posibilidad a los alumnos saber qué están haciendo y cómo están progresando en su aprendizaje. Estos comentarios deben ir en la línea de promover la responsabilidad en los estudiantes, el sentido de competencia, la autodeterminación y participación con los demás.

Finalmente, McLean incide en la importancia de las emociones en el proceso de motivación. Totalmente de acuerdo con él. Como ya indicamos, sin emoción no hay aprendizaje. Éste era uno de los elementos que Pintrich y Groot (Motivational and self‐regulated learning components of classroom performance. Journal of Educational Psychology, 82, 33‐40.1990) distinguían como componentes  motivacionales en las aulas junto al del valor y al de la expectativa. Pero aquí entramos en un terreno verdaderamente resbaladizo: la educación emocional, la educación de la afectividad, de los afectos, la inteligencia emocional. Y ésta es otra historia.

Para ir concluyendo, y a modo de resumen, siguiendo la propuesta inicial, para motivar al alumnado debemos incidir en los siguientes aspectos:

  1. Tipos de actividades
  2. Relación enseñante – estudiante
  3. Gestión de clase
  4. Evaluación de los aprendizajes.
  5. Prácticas de enseñanza.

En el último post, añadiremos algunas ideas sobre cada uno de estos puntos.

Y para finalizar el presente, incluyo una presentación de Père Marqués sobre este tema.