Publicado en Educación

Estilos de aprendizaje vs pensamiento crítico

Recomendamos esta interesante conferencia TED de la profesora de psicología TESIA MARSHIK de la Universidad de Wisconsin-La Crosse (EEUU) en la que viene a desmontar uno de los mantras más extendidos en la concepción del proceso de aprendizaje: los estilos de aprendizaje. Según los estudios realizados por esta profesora no hay evidencias de que existan tales estilos de aprendizaje. Es cierto que las personas tienen preferencias, visuales, auditivas, olfativas, táctiles, kinestésicas e incluso tener ciertas habilidades que pueden convertirse en ventajas a la hora de aprender, pero lo realmente importante es el significado que para el alumno/a tiene lo que está realizando o aprendiendo. Dicho de otro forma, lo que se aprende depende del significado que tiene lo que se quiere enseñar para el aprendiz. Y, sobre todo, que un concepto puede enseñarse de diversas formas y se aprendido igualmente mediante múltiples experiencias.

Una vez desmontado este mito, la profesora de psicología se pregunta sobre el porqué de su persistencia. La respuesta es contundente: porque nadie se lo ha cuestionado, es como una verdad totalmente asentada e incuestionable. Mucha gente lo cree pero eso no quiere decir que sea cierto. De ahí que postule la necesidad de desarrollar una postura crítica ante todo. Otra causa de su persistencia es que es una idea que suena bien, que parte del principio de que todos somos diferentes y negar la teoría de los estilos de aprendizaje no queire decir que aceptamos el postulado de que todos somos iguales. nada más lejos de la realidad.

Indudablemente, como indica la profesora Marchik, mantener esta teoría es una pérdida de tiempo y esfuerzos y hasta peligroso, ya que etiqueta inútilmente al alumnado y limita las posibilidades de aprender de diversas maneras. Por consiguiente, desterrar esta idea es algo totalmente aconsejable y necesario.

Y otro día hablaremos de las inteligencias múltiples.

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Día Mundial del Medio Ambiente

Entender los diferentes tipos de contaminación, y cómo afectan a nuestra salud y al medio ambiente, nos ayudará a tomar medidas para mejorar el aire que respiramos. Foto:Unsplash.

El 5 de junio celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente, este año dedicado a la contaminación atmosférica. Los datos son terribles: 9 de cada 10 habitantes del Planeta están expuestos a las efectos de este proceso. A pesar de las campañas en favor de una atmósfera limpia, de algunos gobiernos por reducir la contaminación (!hasta en España, oiga¡), de algunos sectores empresariales especialmente sensibles a los efectos económicos negativos de este proceso y de la ciudadanía, cada año unos 7 millones de personas mueren por efectos derivados de estos procesos de contaminación.

Hace falta mayor implicación de todo pero especialmente de los gobiernos que son los que pueden legislar a favor del medio ambiente. Nosotros, desde nuestra destacable posición, debemos aumentar la concienciación ambiental de nuestro alumnado. Iniciativas como la que hoy va a realizar la Red de ecoescuelas andaluzas es un importante paso en este sentido. Unos 6000 alumnos/as saldrán en las capitales de provincia andaluzas a manifestarse en favor de la Tierra, en contra del cambio climático, a favor de la vida. Es preciso apoyar estas iniciativas, incrementar el números de escolares que participan y el de asociaciones que apoyan esta labor puesto que nos afecta a todos y todas. Y no sólo limitarlo al 5 de junio si no a cada día del año. Hay mucho en juego.

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De la Geografía Emocional a la Neurogeografía (II).

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La entrada anterior la finalizábamos preguntándonos si era necesario desarrollar un enfoque neuronal en la Geografía, en consonancia con otras adaptaciones epistemológicas realizadas por ciencias afines (o no afines) o habría que crear una nueva rama de la Geografía llamada Neurogeografía. Si optamos por aplicar algunas de las aportaciones que van apareciendo de la neurociencia a la Geografía, creo que estaríamos desarrollando más la Geografía de la percepción o la Geografía emocional que creando una nueva rama de la ciencia geográfica. para dilucidar estar cuestión tendríamos que comenzar haciendo una breve inmersión en el mundo de la neurociencia. Para ello, hay numerosas publicaciones, blogs, etc. que nos pueden servir para actualizar el conocimiento sobre esta joven ciencia. autores como Antonio Damasio, Sarah.Jayne Blakemore, Joseph Ledoux, J. Morgan Allman, Stan Dehaene, José Antonio Marina, Tomás Ortiz, Francisco Mora, entre otros muchos, nos pueden acercar a los avances de la neurociencia. Para estar al día de los avances de la neurociencia el blog de Jesús Guillén es un referente necesario, sobre todo cuando nos adentramos en la neurodidáctica.

Lo cierto es que el desarrollo de las neurociencias ha sido increíble en los últimos años. Según afirmaciones del neurocientífico Richard Restak más del 90% de lo que se ha aprendido sobre el cerebro humano se ha producido desde 1997 y más del 80% de lo que se creía que era cierto sobre el cerebro antes de 1990 se ha demostrado que es falso. Efectivamente, hasta los años 70, la neurociencia ni siquiera existía como ciencia independiente, si no que era una parte más de la biología. Hoy en día, los grandes proyectos de investigación están relacionados con el cerebro humano. Por ejemplo, el principal proyecto científico planteado por el presidente estadounidense Obama fue la Iniciativa BRAIN (Brain Research through Advancing Innovative Neurotechnologies), presentada en 2013, con una duración de diez años y con el objetivo es lograr cartografiar la actividad de cada neurona del cerebro humano, esto es, hacer una Geografía del cerebro. O, con igual dimensión e importancia, el europeo Proyecto Human Brain (Cerebro Humano), en el que participan más de 100 universidades, hospitales de enseñanza y centros de investigación en toda Europa. En este proyecto se trabajarán aspectos como la neuroinformática, simulación cerebral, neurorobótica, informática médica, etc. pero también aspectos educativos y éticos derivados de este proyecto. Tremendamente interesante.

Cabe hacernos la pregunta: ¿cómo puede afectar la neurociencia al desarrollo de la Geografía? o bien, ¿qué aspectos de la Geografía pueden desarrollarse a partir del conocimiento del cerebro humano? Quizás el aspecto más importante en que puede incidir la neurociencia en nuestra disciplina es en la concepción y sobre todo en la percepción del espacio, esto es, la función visuoespacial del cerebro. Es ésta una habilidad esencial para percibir el espacio y orientar y dirigir nuestros movimientos e interactuar con el entorno. Puede parece una obviedad decir que nuestro cuerpo ocupa un lugar en el espacio y que se relaciona con otros elementos en dicho espacio. Es igualmente una evidencia indicar que nuestro cerebro genera representaciones mentales de determinados espacios y que manipula y modifica estas representaciones para desplazarse y relacionarse en él y con él. Ya lo indicamos cuando hablamos de la Psicogeografía. El entorno actúa y modifica la percepción que nos hacemos de él, pero, inversamente, el cerebro es capaz de percibir, interpretar y concebir ese espacio en función de múltiples variables. Es más, algunos filósofos llegan incluso a cuestionar la existencia de la realidad fuera de nuestro cerebro, esto es, lo que percibimos es sólo una recreación de la mente, una especie de matrix.

Imágen de la secuencia inicial de la película ‘Matrix’ (1999). 

Hace relativamente poco tiempo, se descubría cómo el cerebro se orienta en el espacio, es decir, el sistema de navegación que nos sirve para orientarnos en el espacio que ocupamos. Se trataría de un sistema basado en dos tipos de neuronas específicas: las células de lugar, que codifican nuestra posición y las células de red, que se activan cada vez que pasamos por un sitio y que servirían para reconocer espacios.  Estas células de red fueron descubiertas por los neurocientíficos noruegos May Britt Moser y Edvard I. Moser, descubrimiento por el que recibieron conjuntamente el premio Nobel de Medicina en 2014, junto al neurólogo norteamericano John O’Keefe, quien descubrió las células de lugar, que indicábamos anteriormente. Según este descubrimiento, cuando pasamos por un sitio determinado las neuronas red se activan y dibujan una especie de mapa que nos facilita el reconocimiento del lugar y el movimiento por dicho espacio. Sobre cómo efectúan esta función, aún se está estudiando pero se han avanzado diversas hipótesis. Lo interesante es que nos encontramos ante un sistema de navegación que permite el reconocimiento del lugar y el desplazamiento en el mismo. No se trata de una trayectoria recordada, sino de una verdadera hoja de ruta, análoga a la que el GPS del coche, como una auténtica simulación mental de lo que ocurrirá posteriormente. Estas neuronas se encontrarían repartidas en diversas regiones del cerebro, pero, principalmente en el hipocampo y en la corteza entorrinal (lóbulo temporal medio). Curiosamente, recientes estudios vienen a demostrar que existe una menor activación de estas áreas cerebrales dedicadas a la orientación espacial con la utilización de navegadores y que ésto está debilitando la capacidad del cerebro para orientarse y disminuyendo la memoria espacial. A principios de siglo, la neuróloga irlandesa Eleonor Maguirre realizó un estudio sobre los taxistas de Londres. Éstos tienen que superar una durísima prueba para obtener la licencia que consiste en memorizar 25.000 calles y miles de lugares. El aprendizaje medio es de 3 a 4 años y solo la mitad de los aspirantes aprueba. Maguirre demostró que los taxistas que había superado esta prueba tras los años de entrenamiento tenían el hipocampo posterior más grandes que aquellas personas que no se habían preparado dicha prueba (grupo de control) o que no la habían superado. Este estudio nos puede servir para afirmar que el entrenamiento sirve para cambiar el cerebro. Así pues, si queremos desarrollar memoria espacial tenemos que entrenar el hipocampo.

¿Tendrían razón los maestros de antaño cuando nos hacía aprender de memoria los afluentes, ríos, capitales de países, montañas, etc.? ¿Estaremos perdiendo memoria espacial y, por consiguiente, capacidad de pensar geográficamente con el uso de dispositivos que nos facilitan el movernos por el espacio?

Publicado en Geografía, Innovación educativa

De la Geografía Emocional a la Neurogeografía (I).

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En varias entradas anteriores hemos hablado de la Geografía de la Percepción así como de Psicogeografía.  Todas estas tendencias tienen algo en común:  enfocan la Geografía desde un punto de vista del individuo que percibe, que siente el espacio en el que se encuentra inmerso y con el que interacciona.. Formarían parte de un movimiento más amplio que podemos denominar ciencias del comportamiento o de la conducta que, según la UNESCO, serían “Cualquier ciencia que estudie el comportamiento humano y animal en su entorno físico y social a través de la observación y de métodos experimentales.” Entre ellas se incluye la psicología, la antropología, en las pedagogía, psiquiatría, ciencias políticas, etc. También la Geografía tiene mucho que decir en cuanto al comportamiento de los individuos, sobre todo en dos aspectos esenciales: la conducta espacial de los individuos y la representación espacial de dicho comportamiento.

También hablamos, aunque menos, de la Geografía de las emociones o Geografía emocional, sobre todo en aspectos relacionados con el paisaje (ver Luna, Toni; Valverde, Isabel (dir.) (2015). Paisaje y emoción. El resurgir de las geografías mocionales. Barcelona: Observatorio del Paisaje de Cataluña; Universitat Pompeu Fabra. (Teoría y Paisaje; 2). No es un tema que haya sido tratado profusamente por los geógrafos, tal vez, por no considerarse suficientemente científico o introducir un cierto sesgo personalista en el análisis del espacio. Pero tal y como opina Joan Nogué en ese misma obra anteriormente mencionada (página 141) “la geografía como disciplina no podrá deshacerse nunca de su dimensión emocional, por más que algunas escuelas lo hayan intentado a lo largo de su dilatada historia”. Efectivamente, lo espacial y lo emocional tienen un perfecto anclaje en la Geografía, sin necesidad de renunciar al componente científico.

Precisamente creemos que desarrollar estos componentes conjuntamente puede ser una forma de acercar la Geografía a nuestro alumnado. Y en esto entra en acción la Neurogeografía.  No confundir con Neogeografía, que hace referencia a la especialidad de la Geografía que emplea cartografía digital, SIG, georreferenciación, herramientas web 2.0, al estudio del espacio geográfico.  Con Neurogeografía aludimos al enfoque neurocientífico en Geografía. El auge de las neurociencias ha sido exponencial en los últimos años. Los avances científicos en el estudio y conocimiento del cerebro han hecho que desde distintas ciencias se tienda a explicar su  ámbito de estudio desde el enfoque neuronal o bien, a hacer uso de los descubrimientos de la neurología para aplicarlo a su propio ámbito de estudio. Lo que ocurre es que ahora todo lo que tiene el sufijo “neuro” parece moderno, está de moda (se habla de neurobiología, neuroarquitectura, neurodidáctica, … Se habla, incluso, de neurocapitalismo. Ni que decir tiene el gran desarrollo que está teniendo la neuroeconomía y especialmente el neuromarketing, al analizar los comportamientos de los consumidores y la decisiones económicas que tomamos.  Pero aquí está el verdadero peligro: interpretar de forma parcial o inadecuada las aportaciones de la neurociencia.

Desde la Geografía ha habido algún intento de aplicar estas aportaciones. Se habla incluso de “giro neural” de la Geografía.. Concretamente, una de las principales aproximaciones la ha realizado la profesora Jessica Pykett  de la Universidad de Birmingham. Así, por ejemplo,  en un artículo titulado “Geography and neuroscience: Critical engagements with geography’s “neural turn(2017), analiza las intersecciones de la investigación entre neurociencia y geografía. De manera resumida, la profesora Pikett aborda  los conceptos geográficos dentro de la neurociencia contemporánea al tiempo que identifica ciertos compromisos de los geógrafos con la neurociencia, explicaciones de hechos geográficos basadas en el cerebro y propone el desarrollo de una ‘neurogeografía crítica’ capaz de proporcionar un análisis global de temas como la subjetividad, el poder, la desigualdad, etc.   Desde otras perspectivas, este giro es criticado por lo que de determinista supone al dar preponderancia a conceptos neurológicos como el afecto o la individualidad sobre otros constructos sociales como ideología, cultura,  etc., a la hora de explicar ciertos fenómenos espaciales. Otros autores van un poco más allá al indicar la necesidad de plantear una nueva Geografía con base en la neurociencia  que serviría para explicar las influencias ambientales en el cerebro (Sullivan, 2012). Estaría muy cerca de lo que sería la Psicogeografía.

Más allá de buscar otras bases teóricas de esta nuevo enfoque, la pregunta sería ¿es necesario desarrollar un enfoque neuronal en la Geografía?.

Publicado en Didáctica, Historia

¿Historia olvidada o historia no enseñada?

En el último número de la Revista Complutense de Educación (vol. 30, nº 2, 2019) aparece publicado un artículo de mucho interés firmado por un grupo de investigadores pertenecientes a la Universidad de Murcia (Pedro Miralles, Laura Arias, Alejandro Egea, Raquel Sánchez), a la Universidad Antonio de Nebrija (Jesús Domínguez) y del INEE (Francisco Javier García) y titulado “¿Historia olvidada o historia no enseñada? El alumnado de Secundaria español y su conocimiento sobre la Guerra Civil“, en el que se analizan las respuestas de 199 alumnos/as (15-16 años) a un cuestionario sobre conocimiento del período de la Guerra Civil española relacionándolo con la cultura política que posee dicho alumnado. Las conclusiones, no por esperadas, son menos impactantes: el alumnado posee unas enormes lagunas (océanos diría yo)  sobre este período histórico esencial para comprender nuestro mundo actual. Las causas de este hecho se relacionan, según los autores, con aspectos como la propia metodología docente, la escasa alfabetización política o el destacado papel que poseen los libros de texto en el desarrollo del currículo. Esto les hace concluir que no se trata realmente de una historia olvidada, sino más bien, de una historia que se trabaja casi de puntillas.

Si esa investigación se realizara en alumnado de 2º de Bachillerato, creo que los resultados no serían muy diferentes. Coincido en que se enseña, mayoritariamente, con métodos expositivos, lo cual, como hemos indicado en otras entradas, no es, en principio, negativo, pero si es, habitualmente, poco motivador para el alumnado. Un tema más de un largo curriculo que hay que aprender (de memoria) para poder aprobar. Como tal, cualquier tema que estudiemos como este período obtendrá el mismo resultado.

Si no conseguimos captar la atención del alumnado, si no los motivamos ni los emocionamos, no sólo no aprenderán sino que lo que aprendan será a odiar una asignatura tan crucial en la formación de las personas como es la historia (otro día hablaremos de la Geografía, que también tiene lo suyo).

Sería bueno que se hiciera esta misma investigación en nuestro alumnado para ver, por un lado, como perciben la guerra Civil nuestro alumnado y, por otro, el nivel de alfabetización política que poseen y comparar.

Como forma alternativa de impartir este tema, me gustaría recomendar un planteamiento didáctico de interés realizado en Francia por Guilles Legroux en el que trata de la evolución de las memorias de la Guerra Civil en España desde 1939 a 2019, No sé si resultará más motivador para el alumnado pero si es cierto que enlaza un acontecimiento histórico con la actualidad. Parte del análisis de textos históricos para provocar en el alumnado una reflexión necesaria para extraer sus propias conclusiones. Una propuesta muy acorde con lo que podría ser la historia del presente.