Publicado en Didáctica, Educación

Del aprendizaje individual al colaborativo

Equipo, La Formación De Equipos, Éxito, Negocio
Imagen de rawpixel en Pixabay 

Preparando una sesión sobre aprendizaje cooperativo que llevaré a cabo la semana próxima me he encontrado con un artículo sobre e-learning de Jay Dempster, de la Universidad de Warwick (Reino Unido, por ahora) que establecía una relación entre los diferentes modelos pedagógicos utilizados en el proceso de enseñanza y aprendizaje y la riqueza pedagógica que aporta cada uno de los ellos. El resultado es este diagrama:

Modelo pedagógico

Efectivamente, los modelos que menos aportan al proceso de enseñanza y aprendizaje son aquellos que se centran tanto en el profesor como en el aprendizaje individual, en tanto que los que predominan la interacción (entre alumnos/as) o con el entorno y la comunidad aportan mucho más valor pedagógico. Esto es una afirmación demostrada por numerosos estudios y asentado en evidencias científicas. Pero lo que añade el autor es que, en referencia al uso de las nuevas tecnologías en la educación, es que, con la facilidad de uso de estas herramientas y aplicaciones se corre el peligro de volver a los métodos centrados en la enseñanza.

Efectivamente, esto ocurre también, sensu lato, con el proceso de enseñanza y aprendizaje. En los niveles inferiores, la participación del alumnado es muy baja, la motivación también lo es y la capacidad de innovación y creatividad tampoco es excesiva. Conforme aumentamos la interacción entre alumnado y con el medio y la comunidad esta participación del alumno en su proceso de aprendizaje aumenta así como los procesos de innovación y creatividad. Pero, además, en los niveles superiores de este esquema se acentúan otras formas de aprendizaje no cognitivo como pueden ser:

  • social (¿cuál es mi función en el grupo? ¿qué puedo aportar para que el grupo mejore su rendimiento?),
  • emocional (¿cómo puedo sentirme mejor en el grupo? ¿cómo trabajar con personas con las que habitualmente no me relaciono? ¿cómo hacer frente al fracaso o al éxito?);
  • organizativo (¿qué roles asumimos en el grupo?, ¿quién hace cada tarea?);
  • comunicativo (¿cómo comunicarme mejor con mis compañeros? ¿cómo mejorar la difusión de los resultados?); etc.

Así pues, se debería caminar hacia el desarrollo de práctica educativas más colaborativas y participativas abiertas a la comunidad y al entorno. No obstante, el autor del artículo referido realiza una afirmación bastante realista en referencia al e-learning pero extensible a todo el proceso educativo: ” The challenge for lecturers has always been to disentangle their intuitive disciplinary practices (what you’d like to do) from the technical complexities of e-learning (what the technology allows you to do)“. Traducción: “el desafío para los profesores siempre ha sido desenredar sus prácticas disciplinarias intuitivas (lo que te gustaría hacer) de las complejidades técnicas del aprendizaje electrónico (lo que la tecnología te permite hacer)”, esto es, una cosa es predicar y otra dar trigo. Lo ideal es lo que acabamos de afirmar pero la realidad, el aula, es la que marca realmente el camino que debemos trazar.

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