Publicado en Competencias, Educación

Critical Thinking: Aprendiendo a pensar en el aula.

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Acabamos de publicar una nueva actividad para el segundo trimestre. Se trata del curso “Critical thinking: aprendiendo a pensar en el aula“. Con esta actividad pretendemos:

  1. Dotar de un andamiaje teórico a los docentes que quieran conocer mejor qué es, y en qué consiste, el desarrollo del “Critical thinking” o pensamiento crítico”.
  2. Desarrollar una metodología concreta para trabajarlo en el aula.
  3. Conocer y aplicar determinadas rutinas de pensamiento.

Una de las funciones esenciales que debería tener la educación en la actualidad es, sin duda, desarrollar en nuestros alumnos/as el pensamiento crítico, esto es, la posibilidad de tomar decisiones, de juzgar, de evaluar, de comparar y de contrastar con criterio racional y ético. Sin embargo, la investigación educativa demuestra que la enseñanza actual se orienta básicamente hacia la adquisición de conocimientos en las diferentes materias, ya que se piensa que ésto es lo fundamental para garantizar el desarrollo intelectual del alumnado. Sin embargo, algunos investigadores han señalado que aunque el conocimiento es esencial para el desarrollo del pensamiento, esto no garantiza el desarrollo de un pensamiento crítico. Es por ello por lo que creemos fundamental realizar esta actividad para ayudar al profesorado a trabajar las estrategias pedagógicas adecuadas para desarrollar en su alumnado el pensamiento crítico. En el siguiente díptico se puede ver el programa del curso.

En esta actividad vamos a exponer el trabajo llevado a cabo por nuestro compañero y profesor de la UCO José Carlos Ruiz, autor del libro “El arte de Pensar“. En  este vídeo podemos ver la presentación del dicho libro.

Además contaremos la presencia de docentes como José Manuel García Peinazo, María Inmaculada Rodríguez-Carretero Luna y Cristina Marín Caparros, quienes expondrán diversas aspectos de esta metodología así como los resultados obtenidos en diversos contextos. Finalmente, intervendrá Manuel Bermúdez Vázquez, profesor de la UCO y director del Aula de debate, quien desarrollará la relación entre pensamiento crítico y el debate.

En definitiva, queremos hacer una aproximación al pensamiento crítico en el aula (el haber introducido el término en inglés, “critical thinking“, es una cuestión que trataremos más adelante, cuando evaluemos el curso) y sus posibilidades de desarrollarlo en nuestros alumnos y alumnas.

 

Publicado en Competencias, Didáctica, General, Innovación educativa

¿Qué tipo de pedagogías se necesitan para el siglo XXI?

En la serie de estudios titulados  “El futuro del aprendizaje”  realizados por la doctora Cynthia Luna Scott para la UNESCO, se plantean tres temas fundamentales para la educación presente y futura:

¿Por qué deben cambiar el contenido y los métodos de aprendizaje en el siglo XXI?

2º ¿Qué tipo de aprendizaje se necesita en el siglo XXI?

3º ¿Qué tipo de pedagogías se necesitan para el siglo XXI?

Son tres documentos que aportan unas interesantes ideas que vamos a ir comentando. Comenzaremos por el último por su carácter de marco conceptual que contiene. En este estudio, la autora, basándose en la abundante literatura científica existente sobre la importancia y necesidad de preparar a los estudiantes para la adquisición de las competencias, habilidades y capacidades requeridas en el el presente siglo XXI, examina los diferentes tipos de pedagogías existentes en la actualidad y anticipa las etapas futuras y los desafíos a los que se enfrenta la educación. Los expertos reconocen que el modelo de clase “tradicional”, basada en la transmisión unidireccional no sirve para la adquisición de las competencias, es totalmente, ineficaz, pero, aún así, es el método más extendido. Añade también, de una manera totalmente acertada que “A pesar de que a escala mundial se opina que las y los estudiantes deben adquirir destrezas tales como el pensamiento crítico y la habilidad de comunicarse con eficacia, innovar y resolver problemas mediante la negociación y la colaboración, raras veces se ha adaptado la pedagogía para hacer frente a estos desafíos“. Esto lleva a la autora a concluir la necesidad de replantearse la pedagogía, las formas de enseñar, para el siglo XXI. Se propugna que los educadores debieran abandonar esos enfoques pedagógicos tradicionales (por ejemplo, clases magistrales, memorización) para avanzar hacia enfoques pedagógicos abiertos, dinámicos, que tengan en cuenta las necesidades y fortalezas especiales de su alumnado al tiempo que les ofrecen oportunidades para aprender y desarrollar su potencial a través de la creatividad, la autonomía, la investigación y la colaboración (por ejemplo, aprendizaje individualizado, aprendizaje cooperativo, ABP, aprendizaje informal). Los educandos deben tener tiempo para interrelacionarse con sus iguales, con su profesorado, compartir nuevos conocimientos, aplicarlos y evaluarlos. Aunque reconoce la complejidad de la enseñanza y aprendizaje de las competencias, Luna Scott, siguiente a Leadbeater, señala la importancia de la transformación de las pedagogías existentes y el rediseño de las tareas como claves en este proceso. En este sentido, creen que las estrategias de aprendizaje no deben limitarse sólo y exclusivamente a la escuela, si no que  se debe abrirse a otros “proveedores” de conocimiento como la comunidad,  otras escuelas, bibliotecas, museos, etc.

Según la autora, basándose en Saavedra y Opfer, “La pedagogía del siglo XXI debe emplear estrategias docentes innovadoras y respaldadas por la investigación, por las tecnologías del aprendizaje y por las aplicaciones tomadas de la vida real“. A partir de aquí, y examinando las investigaciones llevadas a cabo sobre la manera de aprender que tiene las personas, establece nueve principios para la enseñanza de las habilidades y competencias para el siglo XXI:

1) Hacer que el conocimiento sea pertinente para la “visión de conjunto”.
2) Enseñar las destrezas dentro de cada disciplina.
3) Desarrollar capacidades de reflexión de alto y bajo nivel para facilitar la comprensión en diferentes contextos.
4) Promover la transferencia de aprendizaje.
5) Enseñar cómo “aprender a aprender”, la metacognición.
6) Abordar directamente los malentendidos.
7) Promover el trabajo en equipo.
8) Aprovechar la tecnología como apoyo del aprendizaje.
9) Fomentar la creatividad de las y los estudiantes.

Una vez definidos estos principios, la autora examinará las pedagogías y perspectivas concretas que promoverán el aprendizaje de esas competencias, determinando 19 aspectos en los que debemos centrarnos para lograr alcanzar un aprendizaje de calidad y el dominio de esas competencias:

  1. centrarse en la calidad de los resultados de enseñanza y aprendizaje (por ejemplo, exigiendo docentes competentes   y dedicados que empleen metodologías activas);
  2. fomentar la participación de los alumnos/as (por ejemplo, brindar oportunidades para compartir ideas en redes sociales, con compañeros y con el profesor, para co-crear el aprendizaje);
  3. personalizar e individualizar el aprendizaje (por ejemplo, permitir que los alumnos/as establezcan metas personales, aprendan a su propio ritmo);
  4. centrarse en el aprendizaje basado en proyectos y la resolución de problemas (por ejemplo, el apoyo a proyectos grupales basados ​​en problemas de aprendizaje de la vida real y donde cada uno es responsable de una parte de la proyecto);
  5. fomentar la colaboración y la comunicación (por ejemplo, agrupar a los alumnos en parejas o más para encontrar la solución a un problema);
  6. movilizar y motivar a los estudiantes (por ejemplo, dividir el aprendizaje en diferentes pasos esenciales para mantener el interés de los estudiantes);
  7. estimular la creatividad y la innovación (por ejemplo, alentar a los alumnos/as a generar nuevos conocimientos a partir de experiencias de aprendizaje relevantes);
  8. usar las herramientas de aprendizaje apropiadas (por ejemplo, tecnologías móviles, aprovechar al máximo las redes sociales);
  9. diseñar actividades relevantes de aprendizaje del mundo real (por ejemplo, ofrecer actividades centradas en contextos en los que los alumnos/as evolucionarán en sus vidas adultas);
  10. enseñar habilidades metacognitivas (por ejemplo, preguntar a los alumnos/as las preguntas “¿qué estás aprendiendo?” y “cómo aprendes?” para que estén al tanto de cómo aprenden);
  11. desarrollar relaciones de aprendizaje de apoyo (por ejemplo, recompensar los esfuerzos de los alumnos/as);
  12. incluir a cada estudiante a través de la tecnología (por ejemplo, proporcionar acceso a una actividad de lectura para estudiantes con discapacidades a través de audiolibros);
  13. centrarse en los modelos centrados en el alumnado (por ejemplo, supervisar a los grupos de estudiantes que trabajan de forma independiente, ofrecer instrucción donde cada estudiante autorregula su aprendizaje);
  14. promover el aprendizaje ubícuo (por ejemplo, brindar oportunidades para adquirir conocimientos fuera del aula y la escuela);
  15. fomentar el aprendizaje permanente (por ejemplo, proporcionar cursos de actualización para los alumnos que deseen actualizar sus habilidades obsoletas);
  16. reconocer el aprendizaje a través de la educación abierta (por ejemplo, dar acceso gratuito a cursos en línea);
  17. acreditar y reconocer resultados de aprendizaje no tradicionales (por ejemplo, un proveedor de cursos en línea proporciona una certificación de aprendiz);
  18. evaluar conocimientos y habilidades más profundos (por ejemplo, realizar una evaluación formativa de los alumnos durante su aprendizaje, en forma de retroalimentación continua sobre su progreso y estímulo de sus mejoras);
  19. redefinir el rol y la función del maestro (por ejemplo, asumir un nuevo rol de mentor y diseñador de proyectos, inscribirse en capacitación en tecnología de la información y la comunicación [TIC]).

Para finalizar el informe, la autora concluye que los métodos pedagógicos tradicionales no preparan a los jóvenes para los desafíos del mañana. Deben transformarse e innovar centrándose en los aprendices al tiempo que aumentan la conciencia de la importancia del aprendizaje permanente. Deben proporcionar a los alumnos y alumnas las capacidades y habilidades que les permitirán evolucionar en un mundo digital. Para trazar nuevos caminos para estudiantes de todas las edades y apuntar hacia el éxito a largo plazo, los cambios e innovaciones deben aparecer en el aula, pero también en las escuelas y, en última instancia, en todo el sistema escolar. educación (por ejemplo, estructuras, organizaciones, políticas). Se debe hacer un análisis crítico de la enseñanza tradicional para determinar si cumple con las exigencias y expectativas actuales y, en caso contrario, avanzar por otros caminos más eficaces.

En definitiva, estamos ante un informe de gran interés para la reflexión sobre el desarrollo de la enseñanza en estos momentos de cambio y gran incertidumbre, que se apoya en una literatura científica seria y contrastada para trazar esas conclusiones que hemos indicado y que nos proporciona las claves para centrar nuestra labor docente.