Publicado en Geografía

¿Qué es la Psicogeografía ? (II)

 Colin Ellard comienza su libro resaltando la importancia que tiene la naturaleza para el ser humano pero señala la dramática desconexión que existe en la actualidad entre el medio y el hombre. Así, afirma que “el entorno que hemos construido y en el que nuestros cuerpos y nuestras mentes han evolucionado está tan desconectado del mundo natural que la mayoría de nosotros, cuando nos vemos inmersos en la naturaleza, descubrimos que casi todos los mecanismos mediante los cuales solemos regular nuestras interacciones con el espacio resultan inútiles” (página 32). Y, a pesar de ello, añade “pese a la falta de familiaridad del habitante medio de una ciudad con la gramática y el vocabulario del entorno natural, seguimos poseyendo débiles ecos de una conexión honda y primigenia con el tipo de entorno que conformó nuestra especie” (pg. 33). Efectivamente, esa conexión débil pero primigenia está presente en muchas de las decisiones que, consciente o inconscientemente, toman las personas respecto al lugar que habita. Es, por ejemplo, la preferencia, innata, por localizaciones que nos permitan ver sin ser vistos (perspectiva) o por zonas rodeadas de espacios abiertos, verdes, cimas de montañas o por las superficies curvas.  De esta forma, afirma el autor “El trabajo de personas como Appleton y los Kaplan apunta que estamos programados para buscar tales entornos, supuestamente porque nos retrotraen a tiempos en los que estar rodeados por el tipo adecuado de árboles y praderas aumentaba nuestras probabilidades de llegar a la vida adulta y tener descendencia” (pg 41).   Este hecho ha desembocado en propuestas urbanísticas que tienen en cuenta los sentimientos y las acciones humanas, aspectos estos que no son solamente de la actualidad si no que podemos rastrearlos desde los primeros asentamientos humanos. Más cercanos a nosotros se encontraría el diseño de los interiores de las viviendas, o el de los centros comerciales,  de puentes, de casinos, etc. Es la línea que pronostica el autor que se seguirá en la construcción de nuevos espacios: tener en cuenta los sentimientos, la percepción de las personas que habitan esos espacios.
Parque Pilestreder (Oslo, Noruega) . Proyecto ecológico

Un ejemplo del nuevo urbanismo en el que se intenta integrar la naturaleza en el diseño arquitectónico:

Colin Ellard establece una tipología de lugares que desarrollan diferentes sentimientos, emociones, reacciones en las personas:

  1. Lugares de afecto
  2. Lugares de deseo.
  3. Lugares aburridos.
  4. Lugares de ansiedad.
  5. Lugares sobrecogedores.
1. Lugares de afecto. “En el tranquilo núcleo de aquel pequeño bosque de helechos notaba mi corazón ralentizarse y mis músculos relajarse”  (pag. 59). Son éstos espacios o lugares que nos relajan las sensaciones que experimentamos, que suelen estar relacionados con gratos recuerdos y pueden ejercer una influencia considerable con nuestra vinculación afectiva a ellos.  Son “espacios hogareños“. Nos atraen determinados colores y formas, sobre todo los que tienen cierta relación con la naturaleza e incluyen cosas como disfrutar de las vistas, espacios con formas que crean seguridad y privacidad. Esta concepción afectiva de los espacios está teniendo mucha influencia en los diseños de nuevos espacios urbanísticas pero también en el diseño de interiores: espacios agradables, cercanos, afectivos,hogareños, como los diseños de F.L. Wright. Vendría a representar la “poética del espacio” que diría Gaston Bachelard.
Casa de la Cascada (Fallingwater), Mill Run, Pennsylvania (1937).
2. Lugares de deseo. “Podemos aprender a amar un edificio o un lugar del mismo modo que aprendemos a amar a una persona” (pag. 93). Existen lugares hacia los que sentimos una clara y fuerte sensación de apego. Son espacios que amamos, por diversos motivos, personales, colectivos, de identificación con ellos, por tradiciones. Pero, también, pueden seer espacios que nos estimulan, como los parques temáticos, que tan de moda están en la actualidad,  los casinos, museos o los centros comerciales. Espacios que llegan a ser focos de atracción de masas pero que, por múltiples causas, pueden caer en desgracia. El autor indaga en las causas por las que estos espacios son atrayentes, estimulantes y se pueden llegar a amar. Incide especialmente en el caso de los centros comerciales, en los que detecta una nítida relación entre el diseño de estos espacios y el deseo y placer de comprar. Todo contribuye a ello, desde el mobiliario, la música de fondo, la iluminación, todo un ambiente propicio para adquirir lo que necesitamos pero sobre todo aquello que no se precisa.
Un lugar para amar. Cañón del Río Lobos, Soria.
Un lugar para el placer de comprar. Galerías Lafayette (París)
(Continuará…)
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