Publicado en Educación, General, Innovación educativa

Sobre el proceso de elección de los directores y directoras de los centros educativos.

Hace algunos días los asesores y asesoras de los CEP  hemos participado en el proceso de elección de los directores/as de los centros educativos de Andalucía. Después de varios años sin realizarse este proceso por retrasos en la publicación de la normativa, han sido más de 200 los centros que han pasado por este proceso electivo solamente en Córdoba, más de 1800 en toda la comunidad. El proceso, después de este espera, podría haber salido mejor, pero no, nada de eso. La Unión Sindical de Inspectores de Educación (USIE) lo califica de desastroso por los incontables errores detectados, desde la propia normativa a la tramitación en Séneca. Totalmente de acuerdo. Pero es más, en lo que a nosotros nos afecta como asesores de formación, el proceso ha sido bastante chapucero. La participación de los asesores y asesoras ha sido vista, en general, como algo muy positivo: podíamos intervenir en un importante proceso que incumbe, nada más y nada menos, que a la elección de la dirección de los centros educativos. Podíamos participar desde el conocimiento que nos da la cercanía al profesorado y a los centros y resaltando la importancia que hay que reconocer a la formación del profesorado como factor clave para desarrollar procesos de innovación y mejora. En la convocatoria nos citaban, no como asesores, si no como personal de la administración educativa. No se visibilizaba nuestra función. Pero es más, no participábamos en los centros de referencia propios si no en los que se nos asignaban en función de criterios ajenos a nuestra función, como podían ser las zonas de inspección o el reparto equitativo de centros entre inspectores. De esta manera resultamos convocados a centros que no conocíamos ni podíamos intervenir en algunos de los que somos referentes. A esto habría que sumar el desigual reparto de centros (compañeros y compañeras con 8 centros, 6, 5, 3 o uno). Y ahora para concluir el proceso, nos encontramos con un sin número de reclamaciones que hacen peligrar el proceso o lo retardan con los consiguientes perjuicios para toda la comunidad educativa.

La base del proceso de elección estaba en la evaluación del “proyecto de dirección”. En los centros en los que he participado y, por lo que he oído, en una gran mayoría de ellos, la calidad de dichos proyectos de dirección no era como para tirar cohetes. Y eso a pesar del curso sobre dirección que han realizado los candidatos y candidatas. Errores ya no sólo formales si no de contenido y planteamiento: mala definición de objetivos, algunos de ellos poco concretos, difíciles de enfocar, con indicadores de seguimiento mal planteados, escasa referencia a las estrategias de implantación de las competencias clave, poca presencia de los procesos de formación e innovación, escasa referencia a las prácticas y metodologías de aula, debilidad del proceso de evaluación y seguimiento del proyecto, etc. Lo más destacado (menos mal) el conocimiento de los centros. En muchas ocasiones, estos proyectos de dirección parecen más un “pacto de no agresión” entre docentes (asentados en su zona de confort) y un candidato a la dirección que se siente un docente más y que no quiere remover mucho el avispero. Por consiguiente, los proyectos de dirección no pasan de ser una mera declaración de intenciones y un “sálvese lo que se pueda y tiremos para adelante“, muy lejos de lo que hoy debe ser una dirección actual de centros educativos. Y digo esto con la convicción de que, seguramente, se han presentado excelentes proyectos.

Personalmente, considero esencial la realización de un buen proyecto de dirección, independientemente del propio proceso, la falta de competencia  o el ambiente en el que se presente. Este proyecto debe ser la clave sobre la que se fundamente todo el trabajo  de la comunidad escolar, especialmente, el profesorado, de cara a la mejora del centro. En este aspecto, la formación del profesorado debe ser un elemento crucial ya que la puesta en práctica de muchos de los objetivos de mejora que se propongan deben llevar consigo un proceso de formación en el propio centro. Es el caso del cambio metodológico, el desarrollo de las competencias clave o la innovación educativa. De nada sirve la formación individual del profesorado en estos aspectos tan importantes para el centro. Es preciso poner en marcha formación en centro de impacto efectivo. En este sentido la labor de la dirección es primordial. Es aquí cuando se habla de “liderazgo pedagógico” de la dirección que vendría a complementar los otros aspectos del liderazgo educativo como son el organizativo y el de gestión. El liderazgo pedagógico es fundamental para la transformación y mejora de los centros. Además, entre los expertos del tema, ya no se habla tanto de la figura del director/a como “líder” sino de “liderazgo de la dirección”, subrayando la necesidad de asociar, involucrar, aglutinar a la mayor parte posible de miembros de la comunidad educativo en la consecución de unos objetivos comunes propuestos. Es un liderazgo compartido, nada autoritario, democrático, participativo y empático. Se trata de crear equipos directivos. Esta función de liderazgo pedagógico se encuentra consagrada por la propia LOMCE. 

Sobre este aspecto del liderazgo de los equipos directivos, me gustaría recomendar el siguiente vídeo de una conferencia de la doctora Beatriz Pont, analista de políticas educativas de la OCDE y experta en liderazgo escolar, en Educaixa (descargar resumen).

En definitiva,creo que es necesario revalorizar y resaltar la importancia del proyecto de dirección, que pase de ser un mero documento administrativo a un elemento esencial del proceso de cambio y mejora de los centros. Es preciso insistir en la necesidad de incluir aspectos esenciales como un buen diagnóstico de la situación del centro, para, a partir de aquí, determinar los objetivos de mejora, realistas, concretos, alcanzables, priorizados y medibles; incluir un buen plan de formación que sirva para desarrollar efectivamente los objetivos propuestos y, siempre que se posible, bajo la modalidad de formación en centros y, finalmente, debe incluir un buen plan de seguimiento y evaluación del proyecto con indicadores de calidad bien definidos, medibles y evaluables.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s