Publicado en General, Geografía, Historia, Opinión

La España vacía.

Acabo de leer el libro del periodista Sergio del Olmo titulado “La España vacía. viaje por un país que nunca fue“. Se trata de un ensayo en el que se mezcla lo geográfico, lo histórico, lo sociológico y lo literario casi a partes iguales. En él se vuelve a retomar ese mito de las dos Españas, pero, como indica el autor, “no son las de Machado”, si no otras dos bien diferentes y, en mucho caso, enfrentadas:

“la España urbana y europea, indistinguible en todos sus rasgos de cualquier sociedad urbana europea, y una España interior y despoblada, que he llamado España vacía. La comunicación entre ambas ha sido y es difícil. A menudo, parecen países extranjeros el uno del otro. Y, sin embargo, la España urbana no se entiende sin la vacía. Los fantasmas de la segunda están en las casas de la primera“.

El libro se estructura en tres partes:

  1. El Gran Traume.
  2. Los Mitos de la España Vacía
  3. El Orgullo.

En la primera parte, el autor nos va a ir narrando esa contradictoria y difícil relación existente entre la España rural y la urbana, diferente a la existente en otros países del entorno y cuyas raíces históricas son muy profundas. Entre ambos espacios se establece un diálogo imposible, de recelos mutuos y de desigual desarrollo. Partimos de una realidad geográfica incuestionable: la despoblación de una considerable parte del país.

El 60 por ciento de los municipios españoles tenía a 1 de enero de 2016 menos de 1.001 habitantes, ocupaba el 40 por ciento de la superficie y apenas concentraba el 3,1 por ciento de la población. Los datos de Eurostat situaban a 19 provincias españolas entre las menos densas de la Unión Europea en 2015.

Estamos hablando de amplias porciones de Castilla y León, Aragón, Castilla-La Mancha pero también importantes áreas en Galicia, y zonas montañosas peninsulares, con densidades inferiores a las de Finlandia o cercanas a las siberianas. Es el Gran Trauma de la España Vacía, un movimiento migratorio que ha ocasionado la desplociónd e gran parte del país.

España rural

En la segunda parte, el autor analizará diversos mitos relacionados con la España rural-vacía, en los que encuentra las raíces de la difícil relación, animadversión, incomprensión o incluso temor existente entre ambos mundos, el urbano y el rural,  para concluir que se trata de una cuestión atávica de heterofobia, esto es, miedo al otro, a lo desconocido. Efectivamente, siempre han existido recelos por ambas partes, fruto del desconocimiento más profundo que de realidades sociales fundamentadas. Hoy en día, con el efecto televisión o más recientemente, internet, las diferencias entre ambos mundos se han mitigado pero hasta no hace mucho tiempo existía una gran separación tanto espacial como mental entre ellos. Se analizan las bases históricas de esas difíciles relaciones, la pujanza del mundo urbano y su desprecio hacia lo rural y los recelos del mundo rural hacia lo que venía de la ciudad, de esa Babilonia del pecado que representaban las ciudad. Nos hace viajar al mundo rural de principios de siglo, concretamente a la  comarca extremeña de Las Hurdes, a través de ese documental impactante y dramático dirigido por Luis BuñuelLas Hurdes. Tierra sin pan“, que critica (con un peculiar acento) el desamparo en el que se encontraba esta comarca española.

Posteriormente, tratará uno de los intentos de redención de este mundo rural abandonado a su suerte, por parte del mundo urbano: las Misiones pedagógicas de la II República, iniciativa cultural de la Institución Libre de Enseñanza y, sobre todo, del discípulo de Fernando Giner de los Ríos, Manuel Bartolomé Cossio (recomendamos la lectura del artículo de Javier Gimeno PerellóPor terrenos labrantíos: Las misiones pedagógicas de la II República” en Revista eCO nº 14). Iniciativa muy loable pero que se quedó en estado embrionario por el desastre posterior que significó la guerra civil y la dictadura de Franco que aplastó, manu minitari, todo lo que significó de cambio y mejora para el medio rural. Precisamente fue Franco quien puso la puntilla al mundo rural español, el mismo quien en plena guerra prometía a los agricultores un regreso a un pasado glorioso. en palabras del autor:

Franco estaba muy empeñado en industrializar el país, sobre todo tras el Plan de Estabilización de 1959 que puso fin a la autarquía. Y para ello no dudó en desplazar poblaciones, inundar pueblos, crear otros de la nada y dejar que las grandes ciudades se colapsasen con un éxodo rural que, aunque ya existía, no tenía las dimensiones que alcanzó entre 1950 y 1970. Franco se alzó con la promesa de devolver la grandeza a esos campesinos que eran descendientes del Cid y de santa Teresa, pero su política consistió en destruir sus medios de vida y arrasar con su cultura secular, de la que apenas quedó nada tras veinte años de industrialización forzosa.

En esta narración, el autor hace una mención muy emotiva al papel del profesorado que imparte clase en el medio rural, en su mayoría, jóvenes, interinos o en expectativa de un destino en ciudad, pero con muchas ganas de enseñar e innovar. De hecho muchas de las innovaciones pedagógicas actuales han comenzado en escuelas rurales. Pero no deja de tener cierto parecido a las misiones pedagógicas republicanas:

Llevan la cultura y la educación a los pueblos como un bien importado porque ellos mismos no se quedan. Al terminar las clases, vuelven a sus ciudades. Persiste, débil aunque rastreable, una idea de redención. Llevan al campo un reflejo de la vida urbana, una pequeña muestra, como viajantes de comercio, pero son pocos los que se sienten parte del lugar. Los pueblos siguen siendo un terreno de trabajo, un territorio en el fondo un poco extranjero al que les une un compromiso temporal.

Continúa realizando una revisión al mito de la España rural comenzando por la visión romántica que realiza Gustavo Adolfo Bécquer desde su retiro en el monasterio de Santa María de Veruela, al pie del Moncayo, un mundo de leyendas, misterios, criaturas fabulosas, brujas, demonios, etc., pero ignorando el contexto social y económico.

Igualmente alude a imágenes que formaron el imaginario de esa España vacía del interior, como la de la España forestal (el mito de la ardilla que podía recorrer de Norte a sur la península sin pisar el suelo) o la estereotipada del Quijote, la imagen de los viajeros extranjeros del siglo XIX o la de los paisajistas españoles del XX (Azorín, Unamuno, Machado o la más reciente de Julio Llamazares). Una imagen de una España dura, pobre, desolada, en parte, de abandono, algo siniestra, una literatura de la despoblación, como la que se desarrollará a partir de los años 60 con el gran éxodo rural, ese Gran Trauma, que profundizará el atávico abandono del campo español. ¿Un paisaje literatizado o una literatura del paisaje?.

Finalmente, el autor analiza una de las ideologías más peculiares existentes en España y en Europa: el Carlismo, surgido en el siglo XIX, profundamente rural y antiurbano, una especie de “venganza de una España que empezaba a vaciarse contra la España que empezaba a llenarse“, una cultura rural anclada en valores tradicionalistas y católicos, hoy en día residual, pero que ha dejado profundas huellas en los movimientos nacionalistas periféricos y, según el autor, en las instituciones autonómicas del resto del país o en la pervivencia de las diferentes lenguas peninsulares.

A manera de conclusión de esta segunda parte, el autor concluye:

A la España vacía real no le han quedado más que dos caminos: negar y destruir su propia tradición o representarla en una función ininterrumpida al gusto de aquellos que abandonaron hace mucho sus casas y sus calles.

En la tercera y última sección del libro, Sergio del Molino, narra la aparición de nuevos mitos urbanos ligados a la España vacía, la generada por los hijos de los emigrantes, el orgullo de ser de pueblo en la ciudad, la literatura charnega de Barcelona, los jóvenes autores como Jesús Carrasco, Lara Moreno, Ángel Gracia, José Vidal Valicourt o Hasier Larretxea, que tienen conciencia de que se procede de un lugar que ya no existe o que está a punto de dejar de existir. El cine, la televisión, también se hacen eco de ese España vacía y de esa “vuelta a los orígenes”,  la necesidad de buscar un referente al que asirse, un “útero en un mundo de probetas globalizadas“.

La España vacía, vacía sin remedio, imposible ya de llenar, se ha vuelto presencia en la España urbana

En definitiva, un ensayo que desde las primeras páginas te atrapa, te transporta a ese mundo rural, casi desaparecido, con una fuerte presencia del paisaje, cultural y natural, un ensayo con vocación literaria pero con un fuerte contenido geográfico. Un libro para aprender mucho.

 

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