Publicado en Didáctica, Educación, General

Algunas alternativas a la ¿clase magistral?

En la página “Actualidad pedagógica” se ha publicado recientemente un vídeo muy interesante en contenido y confección, obra del autor del blog, el profesor de la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid José M. Sánchez. En este vídeo, que añadimos a continuación, se exponen tres alternativas, de las muchas que pueden encontrarse, a las tradicionales clases magistrales. Se trata de:

  1. Aprendizaje cooperativo mediante Puzzle de Aronson o Jigsaw.
  2. Clase flexible.
  3. Instrucción por pares.

A parte de lo didáctico de la explicación de estas tres alternativas metodológicas, el vídeo nos puede hacer reflexionar sobre el tema de las clases magistrales, su presencia, permanencia e incluso excusa para la no introducción de alternativas. Pero también me va a servir para realizar algunas anotaciones sobre las clases magistrales.

Hace algunos meses leía un artículo en el diario “El País” (si, de vez en cuando también leo este periódico, cada vez menos ciertamente, pero también lo leo) en el que la redactora especializada en temas de educación Ana Torres Menárguez afirmaba en su artículo titulado sobre “Los últimos minutos de la clase magistral

La clase magistral, que gira entorno a un monólogo del profesor, ya no está bien vista en ninguno de los niveles educativos, desde infantil hasta la etapa universitaria”.

Basaba esta afirmación en los resultados de las investigación de “grupos de investigadores de diferentes partes del mundo” que demostraban que el cerebro no aprende a base de discursos ya que la media de atención del cerebro no supera los 20 minutos de media. Con determinadas aplicaciones tipo Kahoot, Edpuzzle  o Genial.ly, se conseguiría hacer clases más dinámicas, interactivas pero, además, más efectivas desde el punto de vista del aprendizaje (según la neurociencia). Fundamentado o no, este tipo de afirmaciones están aún muy lejos de ser realidad. Basta con pasarse por la mayoría de los centros educativos para darnos cuenta que la clase magistral sigue siendo el método dominante del profesorado. Pero, además, no tiene por qué ser algo negativo, a priori. Según Ángel Fidalgo, las clase magistrales tienen fortalezas nada despreciables, como son:

  • Permite estructurar el conocimiento.
  • Favorece la igualdad de relación con los estudiantes que asisten a clase.
  • Favorece la asimilación de un modelo consolidado en cuanto a la estructura y dinámica de la clase.
  • Permite la docencia a grupos numerosos.
  • Facilita la planificación del tiempo del docente.

También podríamos añadir que sirven para fomentar la escucha atenta (algo que se está perdiendo), la comprensión significativa, la construcción de conocimiento partiendo de las ideas previas del alumno/a, etc (ver artículo de Boris MirConstructivismo y clase magistral).

Como también señala debilidades manifiestas, tales como:

  • Fomenta la pasividad y la falta de participación del estudiante.
  • Dificulta la reflexión sobre el aprendizaje.
  • Provoca un diferente ritmo docente/discente.
  • Discentiva la búsqueda de información por el estudiante.
  • Limita la participación del estudiantado.
  • No favorece la responsabilidad del estudiante sobre su propio proceso de formación.

El problema de las clase magistrales radica en tres aspectos fundamentalmente (según Boris Mir):

  1. No son generalmente magistrales, es decir, no son realmente interesantes y brillantes. Son más bien mediocres, convencionales e insípidas
  2. Porque solamente son útiles para un reducido número de alumnos, que ya están formados para construir sus conocimientos de forma significativa con la simple enseñanza directa o “aprendizaje por recepción” que diría Ausubel.
  3. La clase magistral solo promueve determinado tipo de conocimiento, básicamente declarativo y conceptual, muy alejado de la praxis, de las competencias o de las dimensiones afectivas y emocionales de los contenidos.

El profesor Fidalgo en ese mismo artículo señalado anteriormente establece una clara diferencia entre buenas y malas clases magistrales. Estas diferencias nos podrían servir para mejorar las clases magistrales que habitualmente llevamos a cabo.

En otro artículo de los profesores de la Universidad de Chile M. F. Elgueta Rosas y E.E. Palma González se establece una clasificación bastante operativa de las clases magistrales, diferenciando entre:

  • clase magistral de experto,
  • clase magistral meramente expositiva
  • clase magistral transcendente o formativa (añado el mapa conceptual de su conceptualización).

En definitiva, la clase magistral es un recurso más, sirve para lo que sirve, es útil para determinados contextos y no debe despreciarse como tal, sino aplicarse cuando es necesaria, de manera certera, bien preparada y siendo una más de las metodologías posibles que podemos y debemos utilizar en clase. Darla por muerta es un error, pero tomarla como dogma de fe, mucho más. Como en todo, la validez de una metodología o técnica no está en ella misma, si no en cómo se lleve a cabo su implementación. Un ABP o una clase invertida mal impartida puede provocar más efectos negativos que una clase magistral bien desarrollada. Es cuestión de método.

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