Publicado en Didáctica, Educación, General

101 medios para motivar: prácticas pedagógicas que favorecen el éxito (I).

Seguramente más de una vez aquellos y aquellas que nos dedicamos a esto de enseñar nos habremos topado con una clase en la que, por más que lo intentemos, no ha habido manera de motivar al alumnado para que hagan algo. Hemos diseñado estrategias diversas, probados métodos y técnicas de lo más variopintas, algunas han llegado a funcionar y otras no. Incluso se habrá dado el caso de desistir ante la magnitud de la tarea. Por unos motivos que no vienen al caso, llegué hace poco a un página canadiense titulada “101 moyens de motiver” y pensé, o bien tienen mucha imaginación o bien tienen un problema bastante considerable. El caso es que en esta página, realizada por un equipo de trabajo de la Universidad de Quebec, se pretenden recoger  y difundir una serie de prácticas pedagógicas de enseñanza y evaluación que han tenido un impacto positivo sobre el nivel de motivación del alumnado. A partir de esas prácticas han elaborado un plan de formación para el profesorado de Enseñanza postsecundaria que imparte clase en los centros colaboradores. Realmente muy útil.

Según el equipo autor del estudio, un estudiante motivado es aquel o aquella que tiene ganas de o gusto por aprender sin que sepa demasiado bien el porqué de ello. Sin embargo, el concepto de  motivación es mucho más complejo que lo anteriormente expuesto y depende de numerosos factores y además, puede evolucionar, aumentar, decrecer o mantenerse según el medio en el que se mueva la persona en cuestión.

La motivación escolar depende de tres grandes dimensiones que, además, interactúan entre sí:

  • Las percepciones del estudiante.
  • Su entorno.
  • Sus comportamientos.

Por consiguiente, para favorecer la motivación en el alumnado tendremos que diseñar actividades que actúan sobre dichas dimensiones. en ocasiones basta con el carisma del profesor/a para motivar a sus alumnos/as, pero en otras no será suficiente para ello y tendremos que trabajar la motivación basándonos en otras estrategias pedagógicas. En este sentido, utilizan el trabajo del pedagogo canadiense Rolland Viau (La motivation en contexte scolaire, 2009) para definir los criterios que una actividad debe tener para ser motivantes. Estos criterios son:

  1. Ser variada e integrarse en otras actividades: emplear diversos métodos de enseñanza (ABP, trabajo colaborativo, aprendizaje inverso, simulaciones) o diferentes formas de presentarla, propicia este carácter motivante.
  2. Tener sentido para el estudiante, esto es, debe tener en cuenta sus intereses e incluso sus aspiraciones futuras y remarcar desde el inicio de la misma su importancia de cara a su formación.
  3. Organizar los saberes y apoyarse en lo que el alumnado ha adquirido previamente.
  4. Representar un desafío para el estudiante.
  5. Ser auténtica, esto es, en la medida de lo posible, debe conducir a la obtención de un producto lo más parecido posible a lo que se podría encontrar en el medio exterior.
  6. Exigir un compromiso cognitivo por parte del alumnado, esto es, las actividades deben propiciar la utilización de los conocimientos ya adquiridos previamente.
  7. Responsabilizar a los estudiantes en su proceso de aprendizaje. Si bien el control de las actividades debe seguir recayendo en el profesor/a, éste, el profesor/a motivante, debe dar autonomía a sus estudiantes para elegir el tema, por ejemplo, de su proyecto de trabajo, el medio de presentarlo, los materiales a utilizar, los miembros del equipo de trabajo, etc., a fin de que se sientan protagonistas de la tarea.
  8. Permitir la interacción y la colaboración entre el alumnado. Es una necesidad realmente. Permitir el trabajo cooperativo, la interacción entre el alumnado, el aprendizaje mutuo.
  9. Tener un carácter interdisciplinar.  Sería lo ideal, plantear actividades que implicasen a más de un área o disciplina, favorecer la colaboración entre ellas y establecer puntos de contactos entre ellas, que no se aprecien tan claramente la separación entre los diferentes saberes.
  10. Comportar consignas y retroalimentaciones claras. esto es, es primordial establecer claramente los objetivos de la tarea o actividad que se quiere realizar. Igualmente importante es dar a conocer la importancia de la evaluación de la actividad como un claro objetivo formativo y no sólo sumativo.
  11. Desarrollarse en un periodo de tiempo suficiente.

A la luz de estos criterios, los autores del estudio remarcan la importancia del entorno en la motivación del alumnado. Pero éste es sólo una de las dimensiones de la motivación. Otra fundamental es la relación entre el profesor/a y el estudiante, que veremos en el próximo post.

 

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