Publicado en Educación, General, Opinión

Sumo y sigo. Otra nueva (!la séptima¡) reforma educativa.

Como no podía ser menos, el vigente gobierno del PP ya tiene su Ley educativa. Para no romper una penosa tradición según la cual a gobierno nuevo, nueva reforma educativa, el pasado viernes, 21 de septiembre, se aprobó en Consejo de Ministros el Anteproyecto de Ley de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE). Efectivamente, se trata de un anteproyecto, por lo que se irá “puliendo” ensu trayectoria parlamentaria, por lo que aún es susceptible de empeorar. Se trata de la séptima reforma educativa en Democracia, cifra digna de record Guiness y, como las anteriores, igualmente ideologizada, si bien, en este caso, este carácter se ha exacerbado dado el carácter del lobby dominante. Sin embargo, en su preámbulo se indica que “es necesaria una reforma del sistema educativo que huya de los debates ideológicos que han dificultado el avance en los últimos años“. Como diría aquel impresentable presidente del congreso y ministro de Defensa de ingrato recuerdo “manda güevos”. Esta reforma no pretende ser ideológica, como si se pudiera obviar, de un plumazo, la carga ideológica de este gobierno y de su ministro-contertulio-demagoscópico. Claro que va a ser una reforma ideológica, profundamente ideológica, neoliberal, retrógrada y centralista. Así, por ejemplo, el Estado asume la capacidad de establecer el 75% del temario en el caso de las comunidades sin lengua cooficial y en un 65% en las regiones que sí la tengan (frente al 65% y 55% actual) ; elimina algunas asignaturas, denominadas por la derecha “zapateristas”, como, por ejemplo, en Primaria “Conocimiento del Medio”, que se desdobla en CC. Sociales y CC. Naturales, y potencia las denominadas materias instrumentales (Lengua, matemáticas e Inglés). Materias como Plástica o Cultura Clásica-Latín desaparecen casi totalmente. Por supuesto, y esto ya es para hacérselo ver, eliminan de Primaria “Educación para la ciudadanía” y en Secundaria es sustituida por una “Educación cívica y constitucional” para regocijo y algarabías de nacionalistas vascos y catalanes.  Según el ministro, esta reducción de materias se justifica en la necesidad de centrar a los alumnos en lo que realmente es importante y evitar la dispersión. Eso es lo importante: leer, las cuatro reglas e inglés. Un camarero no tiene porqué saber nada más. Nada se indica, sin embargo, de la forma de impartir clase o la necesidad de mejora en las metodologías llevadas a cabo por el profesorado.

Por otro lado, se recuperan las “reválidas”, pruebas de carácter estatal, imprescindibles para titular y se elimina la selectividad. Este hombre y su equipo confunden, por supuesto, intencionadamente, evaluación con calificación, evaluación con exámenes hasta tal punto que la calificación final de la ESO será la combinación del 70% de la nota media de los cursos de Secundaria y del 30% de la nota de esos exámenes finales. En el caso del Bachillerato, la calificación final será la suma del 60% de la nota del Bachillerato más el 40% del examen final. Esto es, como siempre, los alumnos/as se juegan su futuro en un examen.

Además, se establecen los itinerarios educativos desde 3º y 4º de ESO se configuraría como un curso de introducción al mundo laboral (itinerario de formación profesional, dos años) o académico (5 itinerarios: Ciencias e Ingeniería, Ciencias de la Salud, Humanidades, Artes y Ciencias Sociales). En este, se sigue el modelo alemán: cuanto antes se segreguen los alumnos, mejor. No se refuerzan las medidas de apoyo, integración, diversidad. En lo que a nuestro ámbito afecta, según este borrador, la asignatura de Historia de 4º de ESO, pasaría a ser optativa. Demencial. Solamente los alumnos que estudien en el llamado 4° académico tendrán que optar entre Física y Química o Geografía e Historia. Los del 4° profesional no tendrán que estudiar más Historia. Increíble pero cierto.

En cuanto a la organización y estructura de los centros, el ministerio potenciará la figura del director (¡más madera!), la autonomía de los centros y se refuerza la autoridad (¿?) del profesorado.

Por supuesto, la reforma facilitará las subvenciones a los colegios concertados que separan por sexos.

Las reacciones no se han hecho esperar y van desde una total conformidad con los planteamientos del borrador por parte de los sectores más conservadores, la patronal educativa (aunque piensan que podría haber avanzado más, al fin y al cabo, la enseñanza para ellos, es un negocio y podría hacer sido más condescendiente con ellos) y la Iglesia,  hasta una total oposición por parte de las autonomías que no son del PP, profesores universitarios (recomiendo la lectura del artículo de mariano Fernández Enguita “Adonde quiere devolvernos Wert“) y organizaciones de izquierda.

Personalmente, pienso que es un auténtico engendro de reforma que, sin embargo, se aprobará, con pocos cambios me temo, por la mayoría parlamentaria del PP, pero que no servirá para atajar los verdaderos males del sistema educativo español. No podemos eguir sin un verdadero pacto educativo que implique supera las luchas partidistas e ideológicas  y que dote a España de un adecuado sistema educativo, permanente, público, moderno, incluyente, bien dotado económicamente y que sirva para fomentar la igualdad de oportunidades entre todos los españoles. Quimeras, como diría el Borbón.

Seguiremos informando.

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