Publicado en Didáctica, Opinión, TIC

La Escuela 2.0. Otra opinión.

Desde hace algún tiempo vengo siguiendo, con cierta perplejidad, el debate que, sobretodo en internet, se está produciendo sobre el proyecto “Escuela 2.o” que ha propuesto el gobierno central. El objetivo principal del mismo no es, sólo, repartir ordenadores a diestro y siniestro (¿o si?) si no

adaptar al siglo XXI los procesos de enseñanza y aprendizaje, dotando a nuestros alumnos de conocimientos y herramientas claves para su desarrollo personal y profesional, fomentando además el capital humano y la cohesión social, y eliminando las barreras de la brecha digital.”

Ahí es nada. Es archiconocida la célebre sentencia que dice “Escuelas del siglo XIX, profesores del XX y alumnos del XXI. Con este plan, por tanto, se buscaría romper con esta sentencia y conseguir que todos y todas entremos al mismo tiempo en este siglo XXI, del que llevamos ya casi una década. La dichosa brecha digital se va a combatir con la entrega de ordenadores personales al alumnado de los cursos superiores de Primaria así como a su profesorado, y la digitalización de miles de aulas. portatil_alumno

La mayoría de los comentarios que he leído se muestran en contra de este plan aduciendo cuestiones didácticas (mucho ordenador pero poca formación), técnicas (la mayoría de las aulas no están preparadas para esto), o se plantean si los ordenadores serán sustitutos de los libros, complementos, si el software será propietario o libre, etc. No está muy claro. Ello está provocando un manifiesto desconcierto en todos los sectores de la enseñanza y en una visible desbandada de tutores y tutoras de los cursos afectados, “por lo que pueda pasar“.

En mi opinión, creo que la cuestión no es el reparto de ordenadores: sería ingenuo pensar que con sólo ese hecho se resolverán los problemas de la educación española. Ni tan siquiera la brecha digital. Experiencia en otros países lo demuestran. Pensar que este programa o plan es simplemente una ocurrencia del gobierno, falto de un adecuada estudio previo, sin consultar a los agentes implicados, sin ver experiencias desarrolladas en otros países, etc. , desde un cierto buenismo, diría que es impensable. Sin embargo, y dado el zigzagueo llevado a cabo en política educativa (no hablaremos aquí de otras políticas), casi tiendo a pensar que es eso, una ocurrencia más que el fruto de un análisis certero.

Pero, una vez que la cosa está hecha, y todo apunta a que será así, debemos plantearnos las posibilidades que pueden ofrecernos estos recursos y construir en base a ellos nuevas clases, más interactivas, una pedagogía más moderna y activa, plantear proyectos de investigación, utilizar internet para las clases, las herramientas 2.0, etc.

No podemos quedarnos en un lamento continuo por las “barbaridades pedagógicas” que puedan hacer los políticos de turno y tratemos de construir sobre lo que tenemos. Igual, hasta sale bien.

(En la siguiente dirección del CEP de Castilleja (Sevilla), el asesor Juan Béjar recoge numerosas  referencias sobre este tema que nos pueden servir para informarnos ampliamente sobre el mismo).

Y para aclarar un poco el tema de lo que sería la Escuela 2.0 una interesante presentación.

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