Publicado en Didáctica, General, Opinión

Innovación e Investigación en Educación (II).

Una de las primeras reflexiones que nos hacemos en torno al tema de la innovación y de la investigación educativas es el de su conceptualización. Investigación, innovación, renovación, mejora, cambio, son conceptos que suelen confundirse y que es preciso definir claramente para saber de qué estamos hablando. Esta confusión conceptual procede, precisamente, de la existencia de una correlación muy estrecha entre dichos conceptos. Desde el punto de vista etimológico, innovar es introducir algo nuevo, diferente, respecto a lo anterior. En principio, la introducción de innovaciones conlleva una mejora respecto a lo que se venía haciendo. No obstante, no siempre es así. En la mayoría de las ocasiones llamamos innovación a lo que es sólo una mejora en los métodos, materiales o recursos utilizados habitualmente. Por ejemplo, la introducción de los power point como apoyo de las lecciones magistrales, mejora el método, pero no supone una innovación metodológica.

Las innovaciones pueden suponer cambios positivos, lo que implica una mejora del sistema, pero también pueden acarrear cambios negativos, lo que llevaría a invalidar dichas innovaciones.

Quizás la clave del concepto de innovación radica en su carácter deliberado, es decir, no es fruto de una ocurrencia o una casualidad, sino de un proceso bien planificado y sistematizado. Efectivamente, creemos que la innovación debe considerarse como un proceso en el que intervienen una serie de elementos cuya puesta en funcionamiento responde al deseo de avanzar, de mejorar a partir de unos planteamientos metodológicos que, en cierta manera, se consideran obsoletos por ineficaces o, cuando menos, poco flexibles para hacer frente a las nuevos retos que se nos presentan.

Si entendemos, por consiguiente, la innovación educativa como un proceso, debemos señalar, aunque sea de manera sintética, los elementos que lo componen:

  1. Un (unos) problema (s) detectado y que requiere una solución que supera los métodos y recursos disponibles en ese momento.
  2. Unas personas (docentes principalmente) que intentar buscar soluciones a esos problemas mediante métodos y recursos nuevos y que se implican en estos procesos de cambio. Comprometidos con la educación, en definitiva.
  3. Unas instituciones que apoyan (o al menos no dificultan) la labor de esos emprendedores.Somos de la opinión que una adecuada política educativa puede predisponer favorablemente al profesorado hacia la innovación educativa. Pero, de la misma manera, unas decisiones políticas poco acertadas pueden conducir a su inmovilismo (ejemplo ¿la gratuidad de los libros de texto?).
  4. Unas ideas que sirven de soporte teórico al proceso y cuya puesta en práctica supone la base del proceso.

La conjunción positiva de esos elementos debe producir la transformación de la práctica docente.

Sin duda, la figura del docente es clave en todo este proceso de innovación. Y aunque una parte muy importante del profesorado está convencido de lo positivo de la innovación, nos encontramos con una serie de obstáculos (de “pecados capitales” como se indica en el power point que añado al final del texto) que dificultan la puesta en marcha de estos procesos. En síntesis, podemos destacar los siguientes problemas:

  • La “inercia institucional”, entendida ésta como la tendencia a seguir trabajando tal y como se ha hecho siempre, esto es, enseñar como nos han enseñado. Esta postura es propia de los que se encuentran más seguros con los métodos tradicionales y que huyen de todo cambio (quizás por no perder esa seguridad) o simplemente que buscan comodidad.
  • El individualismo: existe una tendencia muy marcada, especialmente entre el profesorado de secundaria, hacia el individualismo. Nos encerramos en nuestras aulas como si de un reino de taifas. se tratase. La innovación supone la colaboración, el apoyo mutuo, el intercambio de ideas entre profesores y profesoras. Pero, al mismo tiempo que defendemos nuestro individualismo, también nos mostramos corporativistas, supeditando el interés del colectivo de enseñantes a los generales de la comunidad educativa.
  • La formación del profesorado es, sin duda, uno de los más importantes obstáculos al desarrollo de los procesos de innovación. Deficiencias en la formación inicial, pero también en la formación continúa y permanente del profesorado. No basta con conocer bien la materia que se enseña, sino que es preciso dotarse de métodos y recursos que favorezcan el aprendizaje. Es preciso formarse continuamente, conocer nuevos métodos de enseñanza y aprendizaje y, a partir de la realidad de cada uno, iniciarse en procesos de innovación que respondan a las propias necesidades del docente. Pero, para llegar a ello, es preciso conocer la esencia del proceso, sus fases y metodologías para hacerlo de manera sistemática. Aquí, sin embargo, nos encontramos con el obstáculo ( o no) de la voluntariedad de la formación del profesorado. Más adelante discutiremos este hecho.
  • Otros obstáculos pueden ser la excesiva carga burocrática a la que debe atender el docente, los escasos apoyos institucionales, la escasa divulgación de las innovaciones educativas, etc.

Seguiremos en el próximo post.

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