Recientemente han aparecido en el diario “El País” dos artículos sobre educación (R. Moreno Castillo “Algunos males del sistema educativo“ y A. de la Oliva “La estafa de enseñar a enseñar“) que me producen, cuanto menos, vergüenza, y cuanto más, indignación. Vergüenza por los argumentos que utilizan para criticar a todo el sistema educativo (menos a ellos mismos, faltaría más) e indignación por lo que a mi, como asesor de formación, me atañe. Vayamos por partes.
En el primer artículo, del pasado 4 de diciembre, el antedicho R. Moreno (autor de un panfleto antipedagógico que tampoco tiene desperdicio) no deja títere con cabeza en su artículo: políticos, profesores universitarios, hasta los que él denomina “presuntos expertos” en formación del profesorado. Indudablemente, con dotes de adivino (“Que la reforma educativa es un disparate ya lo llevamos denunciando algunos desde hace tiempo”), recurre a argumentos ya muy manidos, parciales, echando la culpa de los males del sistema a todo el mundo y exculpando a los profesores que, según él, hacemos más de lo que estrictamente nos corresponde (¿qué es … enseñar o educar? ¿En dónce dejamos la autocrítica?). Me gustaría que me explicara su visión de la Educación, de cual es nuestra función, si enseñar Matemáticas o Historia, solamente, o ir más allá, enseñando valores, actitudes, que, de otra forma, tal vez, muchos alumnos ni los verían. Hay algunas cuestiones de las que podríamos hablar como la escolarización obligatoria hasta los 16 años, los problemas de disciplina en algunos centros, del papel de los padres y madres en la educación de sus hijos, etc. Pero donde me toca la moral es cuando ataca, sin pudor, al sistema de formación de los docentes. Según él, por lo que entiendo, no es necesario y, es más, se trataría de un reducto de gente “desertores de la tiza”, que “usan un discurso vacío”, que han aprendido una “jerga pedagógica”, “ que se dedican a dar cursillos“, etc. No tiene ni idea de lo que dice. En primer lugar lo de desertores es más antiguo que el mear, señor mío. Seguramente este calificativo lo utilice porque será de los que siguen dando clases con su habitual tiza (de las de antes, no de las redondas que no dejan ni polvo), o bien sentado en su poltrona (¡lástima que hayan retirado las tarimas , con la sensación de poder que daban!). En los centros del profesorado (en sus diversas variantes) no hay “desertores de la tiza” (un sambenito del que difícilmente nos libramos), y si los hubiera no creo que lo estén en mayor porcentaje que el profesorado de los centros que se escaquea habitualmente (¿o es que no conocemos este hecho?). Trabajar en un centro del profesorado no te califica para ser experto en formación, ni dominar la jerga pedagógica como califica este señor a la Pedagogía, una ciencia de larga tradición. Estamos aquí (por un cierto tiempo) para poder desarrollar una labor que creemos es precisa y necesaria: contribuir a la formación del profesorado. Según opina A. de la Oliva es una estafa lo de “enseñar a enseñar” ya que “Si no se sabe cómo enseñar algo es porque no se sabe suficientemente” y añade, “es más falso que haya un saber que no sea ni física, ni latín, ni geografía, y cuyo contenido sea el enseñar en general para cualquiera de esas disciplinas“. De un plumazo se carga las didácticas específicas, la pedagogía y todo lo que no sea saber muchos contenidos. La única pedagogía válida sería la práctica: ¿de cuántos años estamos hablando?, es decir, ¿cuántos años requiere un recién licenciado, que haya aprobado las oposiciones o que entre como interino para ser un perfecto profesor? ¿dos, cuatro, diez años? Y mientras tanto, ¿ensayo y error?. Por cierto, cuántos profesores y profesoras nos hemos encontrado que sabían mucho de sus disciplinas y que, sin embargo, no tenían ni idea de explicar, qué no transmitían esa emoción de la que habla el autor del artículo y que nos hicieron odiar esas asignaturas? ¿Quizás porqué fueran profesores universitarios frustrados que veían en la Secundaria un medio para seguir viviendo y no un fin en sí mismo?.
En los CEP’s estamos para contribuir a llenar esas lagunas formativas que, sin duda, tiene el profesorado. Que el sistema no es el mejor posible, estamos de acuerdo. Que la formación debía ser obligatoria y en horario lectivo, pues sí. Pero que somos vendedores de humo, pues no. Entre los asesores hay gente de mucha valía, demostrada con anterioridad en sus centros de procedencia, antes de llegar a los CEP’s y reconocidos en todos los puestos que han ocupado. En lo que a mi me concierne, antes de estar en el CEP de Córdoba he estado (y estaré muy pronto) en las aulas de varios institutos, intentando hacer mi trabajo lo mejor posible (como la mayoría del profesorado, lo cual tampoco es un mérito). Comencé a dar clases sin tener ni idea de por donde comenzar mi labor (comparto lo de fraude para calificar el CAP), pero tenía claro que debía cubrir mis lagunas pedagógicas allí donde podía ser, esto es, en los centros del profesorado, para evitar repetir los errores de aquellos profesores que me dieron clases. Como asesor, he conocido profesorado cuya labor es digan de destacar, muy loable, que luchan por lo que creen y creen en lo que hacen, que no se quejan más de lo necesario y que tienen espíritu de superación. Igual que he conocido a otros que van a los cursos (lo de cursillos también suena a otro época, felizmente superada) “por los puntos” para los traslados, los sexenios, etc. Otro error del sistema. También he conocido la decepción de organizar actividades formativas en las que se inscribían mucha gente y a las que, luego, acudían pocos. En las actividaes que organizamos intentamos que vengan profesionales de gran solvencia, de reconocido prestigio profesional e intelectual, y no sólo profesores universitarios “que jamás han trabajado con alumnos de instituto” (según indica R. Moreno, generalizando, para que vamos a andarnos con tonterías), profesores y profesoras que están “a pie de obra“, intentando comunicar sus experiencias para que nos sirvan a todos. Nos podemos equivocar, pero al menos la voluntad, la buena voluntad por mejorar el sistema, la tenemos.
En fin, podíamos seguir comentando estos artículos, pero ¿para qué?. Ellos sólos se califican. Dios (por cerrar como R. Moreno) nos libre de esta gente.


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